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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 377

Amelia se movió con rapidez, pero apenas puso un pie fuera cuando una mano firme le atrapó el tobillo, jalándola de vuelta para regresarla al colchón de golpe:

—No te muevas.

Sin darle tiempo de protestar, Mason tomó el edredón y la cubrió de pies a cabeza. Tomó el control remoto de la pared y encendió únicamente la luz tenue del umbral, dejando la cama sumida en sombras protectoras; mientras nadie se acercara a levantar la colcha, era imposible notar el bulto debajo.

Asegurado el perímetro, respiró hondo para calmar la voz y abrió la puerta. Bajo la luz amarilla del pasillo, la figura sentada en la silla de ruedas lo desconcertó: no era su madre, sino Evan.

—¿Evan? Es tardísimo, ¿a qué se debe la visita?

Evan maniobró con soltura hacia el interior de la habitación. Paseó la vista de forma casual por el cuarto; su mirada se detuvo una fracción de segundo sobre la cama antes de desviar la atención con naturalidad:

—No es nada grave. No lograba conciliar el sueño y quise pasar a charlar un momento.

Mason entornó la puerta con sigilo para cuidar la privacidad y se recargó contra el muro:

—¿Charlar de qué? ¿Por qué no lo sacaste a colación allá abajo mientras mamá estaba presente?

—Hay temas que no son fáciles de tratar delante de ella. La abuela se comunicó conmigo hace unos días.

La expresión de Mason se endureció:

—¿Y qué quería?

—Lo de siempre —suspiró Evan con impotencia—. Preguntó cómo andas, si ya tienes pareja... Por lo visto no quita el dedo del renglón en querer meterse en tus asuntos.

Mason soltó una risa sarcástica que destilaba hartazgo:

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