—No me interesa lo que pase entre ustedes—. En la televisión se veía una escena de novela bastante dramática; el protagonista era precisamente uno de los actores que había firmado contrato con el Grupo Jara. Este grupo tenía inversiones en múltiples industrias, incluyendo agencias de representación y productoras de cine. Se rumoraba que este actor había sido elegido casi al azar una noche en el Club Imperial Los Andes, y en tan solo tres años, ya estaba al nivel de las grandes estrellas.
Liberto, al notar que Rafaela estaba absorta en la pantalla, se acercó y se colocó justo frente a ella, bloqueando su vista. Desde esa distancia, ella pudo ver claramente los abdominales bien definidos de Liberto. Había que admitirlo: su físico era impresionante, tanto ahora como cuando fuera mayor. Incluso cuando llegara a los cuarenta o cincuenta años, tanto celebridades como modelos y mujeres de la alta sociedad seguían cayendo rendidas ante él, deseando terminar la noche en su cama.
Rafaela cruzó los brazos sobre el pecho y, recostada con desgano en el sofá, su pierna desnuda rozaba el abdomen de Liberto. Sin zapatos, estiró los dedos de los pies y le dijo:
—No necesito que me recuerdes otra vez tu relación con Penélope. Cuando Joaquín venga a dejar los papeles, yo misma los revisaré. Mejor dedícate a cuidar de tu Penélope. Está borracha y justo ahora es cuando más te necesita.
En el privado del Club Imperial Los Andes, Cristina marcaba una y otra vez el mismo número, pero nadie respondía al teléfono.
Al pensar que Rafaela, con toda su desfachatez, era capaz de coquetear con el novio de Penélope solo para molestarla, Cristina se llenaba de indignación. Todo porque Rafaela se creía superior por ser bonita y se atrevía a hacer semejantes cosas.
Cristina sentía que la situación era sumamente injusta para Penélope. Entonces, el teléfono de Penélope volvió a sonar. Esta vez, la llamada venía de un número fijo. Cristina contestó:
—¿Hola? ¿Quién habla?
Vanessa, al oír una voz desconocida, vaciló un momento.
—¿Cómo es que tienes el celular de Penélope? ¿Está ella ahí?
Una de ellas dijo, dudosa:
—Tengo entendido que la mamá de Penélope tiene insuficiencia renal, y por eso Penélope trabaja y estudia al mismo tiempo. La mujer que llamó… no creo que haya sido su mamá. Por el tono de su voz, parecía alguien importante.
—¿Será que Penélope, trabajando en el Grupo Jara, conoció a alguna señora de la alta sociedad en alguna fiesta?
—Puede ser. ¡Qué envidia le tengo a Penélope! No solo ganó la beca completa de este año en la Universidad Floranova, entró directo a estudiar ahí, y desde primer año consiguió una pasantía como diseñadora de joyas en el Grupo Jara. Cuando se gradúe, el Grupo Jara va a pagarle estudios en el extranjero. ¡Su vida parece sacada de una novela! Ni las protagonistas de las historias tienen tanta suerte como ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...