—Eso es, además, ahora tiene de novio al presidente del Grupo Jara. Así, de la nada, ya nos sacó una ventaja enorme. Parece que… de ahora en adelante, acercarnos a Penélope va a estar difícil.
Rebeca intervino y dijo:
—No hablen así de Penélope. Ella siempre nos ha considerado amigas de verdad, no es ese tipo de persona.
Cristina añadió:
—En vez de estar aquí inventando cosas, mejor pensemos en cómo mejorar nuestras habilidades de restauración de joyas. Aprovechemos que aún tenemos algo de tiempo y volvamos al taller de la universidad para analizar esos videos, así estaremos listas cuando llegue el momento de trabajar en serio. No se les olvide… no podemos dejar que Rafaela sea la única en quedarse con todos los recursos de la escuela.
—Tenemos que demostrarle a la universidad que no solo Rafaela merece esta oportunidad.
Rebeca asintió:
—¡Sí! Y… por favor, no le cuenten a Penélope lo de esta noche. No quiero que se ponga triste cuando despierte.
Otra de las chicas, molesta, soltó:
—Con razón últimamente he visto a Penélope tan apagada, siempre sola. Seguro que ya sabía todo esto. Pero la que tiene la culpa es Rafaela, ¡esa mujer no vale nada! Si hay un hombre cerca, ahí va y se le mete en la cama. ¡Qué asco!
—Esto no se puede quedar así. Ya veremos cómo le damos una buena lección cuando tengamos la oportunidad.
En la mansión Bosques de Marfil, a Rafaela de repente le dio un vuelco el corazón. Miraba unos videos borrosos en la pantalla, y el nerviosismo comenzó a apoderarse de ella.
Joaquín, que estaba a su lado, le explicó:
Una persona así no merecía jamás su perdón.
¿Y cómo lo sabía Rafaela? Porque de niña, la escuchó por accidente mientras espiaba frente a la oficina de su papá.
Todo aquello era tan oscuro, tan vergonzoso, que solo podía permanecer oculto. Quizá su papá… temía que ella no pudiera soportar la verdad, por eso toda la vida le ocultaron que su madre había muerto por una supuesta enfermedad del corazón durante el parto. Pero en realidad, su madre murió a manos de sus propios familiares.
En realidad, Rafaela no nació con problemas de corazón. Su fragilidad cardíaca era consecuencia de que, cuando era bebé, el tío mayor intentó matarla lanzándola al suelo. Sobrevivió, pero aquello le dejó secuelas para siempre.
Por eso su papá nunca le hablaba del lado materno de la familia, y bloqueó toda información al respecto. Nunca le permitió saber la verdad.
Lo de que nadie en la familia Jara llegaba a los treinta y cinco años no era ninguna maldición. La tía… también fue asesinada por esos dos tíos. Todo eso de una enfermedad hereditaria del corazón era una gran mentira.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...