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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 618

Liberto salió del estudio y justo se topó con Clara bajando las escaleras.

—Liberto.

—¿Ya está dormida?

Clara respondió:

—La señorita acaba de salir de la ducha, está en su cuarto leyendo.

Rafaela llevaba puesta una bata de baño, sentada en la cama con un libro sobre las piernas. Al escuchar los golpes en la puerta, ni siquiera levantó la mirada.

—Lárgate.

Clara acababa de bajar, y a esa hora, si alguien tocaba la puerta, Rafaela ya sabía quién era.

Al momento siguiente, se oyó el clic de la cerradura, y el hombre entró. Rafaela levantó la cabeza, frunciendo el ceño. Acababa de bañarse y su piel pálida tenía un rubor cálido.

—¿Vienes a que te grite a propósito?

—¿O será que tienes alguna manía rara?, ¿te gusta escucharme insultarte?

Alzó la ceja y lo miró desafiante.

El hombre se sentó al borde de su cama. Rafaela, sin pensarlo, le soltó una patada en el pecho.

—¿Te di permiso para sentarte en mi cama?

Liberto no mostró enojo. Le agarró el tobillo frío, tiró de la sábana y se la acomodó encima. Rafaela nunca lo había visto tan callado, con ganas de hablar pero sin atreverse.

—Si tienes algo que decir, dilo ya. Hasta acepté que te acostaras con Penélope, ¿qué podría haber peor?

—¿Qué pasa?, ¿está embarazada o qué?

Rafaela decía lo que le venía a la mente, pero viendo la expresión de Liberto, no pudo evitar sospecharlo.

—El vestido que dejaste en el hotel, mañana le pido a Joaquín que te lo traiga.

—Si fue mi papá quien te lo pidió, mañana le diré que deje de insistir. Olvídense del tema. Cuando yo muera, puedes buscarte a otra que te dé los hijos que quieras. Claro… si quieres adelantarlo, tampoco te voy a detener.

Bajó la cabeza, pasó la página del libro y lo dijo como si nada.

Su destino, pensaba, ya estaba escrito desde el principio.

El de Liberto también. No importaba cuánto tiempo pasara, él y Penélope acabarían formando esa familia feliz.

Ella, en su mundo, no era más que la esposa muerta, o quizás ni eso… Solo había sido el trampolín de Liberto para escalar a la cima.

En la madrugada, en el estudio, Liberto miró la foto de la prueba de embarazo en su celular: cuatro semanas. La verdad… en algún momento también había esperado la llegada de ese hijo. Toda su vida había sido inestable, sin un lugar fijo, sobreviviendo en la oscuridad, en rincones donde nadie lo veía. Antes de conocer a Rafaela, cuando la secuestraron de niña, él pensaba que su vida siempre sería así, un camino sin salida, lleno de peligros…

Hasta que conoció a la familia Gómez…

Si no fuera por ese accidente, probablemente se habría quedado en Pueblo Dorado, se habría casado con ella y tendrían hijos en ese pueblo pequeño.

Nunca imaginó que Miguel le robaría su lugar, y que, años después, volverían a encontrarse…

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