Mauricio analizó la situación con calma y continuó:
—Mantener todo esto en secreto no es fácil… Es difícil tenerlo todo. Por un lado está la señorita Penélope, y por el otro, la señora… tiene que elegir, señor. Por ahora, la mejor solución es hacer que todas las personas involucradas en lo de aquel año desaparezcan para siempre de la vista de la señora Rafaela. Lo que deba confesar, confiéselo. A quien deba eliminar, elimínelo. Así, en el futuro, no tendrá que preocuparse por Miguel. No le queda mucho tiempo… Y Alonso, por más interés que tenga en la señora, la familia Cruz no lo permitirá. Señor, usted y la señora estuvieron separados tantos años y ahora se han reencontrado. Como dirían en Tierra Dorada, es el destino. No debe preocuparse de que un tercero se interponga entre ustedes. Lo más importante ahora es encontrar la manera de que la señora se calme. Esta vez, el problema involucra a la familia Cruz. Lo que a la señora le preocupa es que usted tome represalias contra ellos. Sabiendo esto, puede aprovechar la oportunidad y usar los contactos del amo en Floranova para ayudar a la familia Cruz. Así… la señora verá sus verdaderas intenciones y entenderá que usted no tiene ningún interés en hacerles daño. Quizás así, este conflicto se resuelva de una vez por todas. Buscar otra salida también es una opción.
Él no tocaba a Penélope por el trasplante de órgano de Viviana. Si no era absolutamente necesario, Liberto, en agradecimiento a la familia Gómez, no le haría nada.
Luego, Mauricio sacó del bolsillo un anillo de diamantes talla cojín.
—La señora lleva el anillo que simboliza su estatus como matriarca de la familia Huerta. Si alguien con malas intenciones lo descubre, podrían hacerle algo. Este es el anillo de compromiso para la boda. Señor, puede usarlo para reemplazar el otro. Cuando regresen con la familia Huerta, la señora puede volver a usar el suyo.
Esa noche, Rafaela recibió un mensaje de Alonso. Maritza ya estaba bien y Penélope había firmado el acuerdo. Rafaela le advirtió que tuviera cuidado con la gente a su alrededor en los próximos días; no se podía saber qué haría Liberto contra la familia Cruz.
Unos ruidos sigilosos afuera la inquietaron. Eran los empleados que Liberto había enviado, supuestamente para cuidar de ella.
Cada vez que rechazaba sus arreglos, Liberto usaba a su padre como excusa. Él, que antes ni se dignaba a pisar la casa de los Jara, ahora usaba a su padre como su carta de triunfo para controlarla.
—Señora, ya es tarde, ¿a dónde va?
Rafaela no respondió, pero tomó sus libros, apuntes y su computadora, y salió del departamento.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...