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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 671

—Luego te doy más.

Hacía ya dos o tres años que no se veían. En aquel entonces, Rafaela tenía diecinueve o veinte años, y su primer encuentro había sido muy parecido a este.

Para esos niños ricos, tres o cinco millones eran el dinero de bolsillo de una o dos semanas; no era gran cosa para ellos.

Fabio, el heredero del Banco Soto, tenía una reputación en la alta sociedad de Ventanamar casi a la par de la de Rafaela. Cambiaba de novia en menos de siete días, era un mujeriego de primera, pero aun así, un sinfín de mujeres querían ser su novia por una noche. Fabio era generoso con ellas; durante esos siete días, les daba todo lo que querían.

Lo más caro que había regalado era una casa, y lo más barato, un carro de lujo de más de tres millones de pesos…

—¿Acabas de llegar? No te había visto estos días.

—¿Otra vez huyendo de una cita a ciegas? —preguntó Rafaela.

—¿Pues de qué más? Mi viejo, después de tantos años, sigue sin rendirse. Las herederas de nuestro nivel me consideran un patán y no me quieren, y a las de un nivel inferior, mi viejo no las aprueba. Por suerte, últimamente no me ha presionado tanto.

—¿Por qué?

—¿Por qué más va a ser? Tiene un hijo ilegítimo por ahí, y ahora está ocupado con el divorcio. Vine a buscar un poco de paz.

Rafaela arqueó una ceja, sin decir nada.

—Pues que tenga cuidado con Marcelo Cárdenas. Ese tipo no es buena gente. La ingenua esa ya de por sí no es muy lista, pero si se junta con él, por más dinero que tenga la familia Cruz, un tipo así se lo va a sacar todo.

—¿A qué te refieres?

—Marcelo tiene a Maritza comiendo de su mano, ¿no lo sabías? La tarjeta adicional de Alonso ahora la tiene Marcelo. Toda la familia Cárdenas vive a costa de Maritza. Creo que ya no debería llamarla ingenua, sino… la santa patrona de las causas perdidas. Bueno, ya no hablemos de eso, me voy. Ah, por cierto, ¿por qué no estás con Kino? Pensé que ya te lo habías ligado. Me lo encontré hoy. Dicen que le va muy bien en Luminara y que está comprometido con la hija del alcalde. Justo ahora está en un reservado del club, tu esposo también está ahí. Parece que están negociando algo, ¿no vas a echar un vistazo?

Al pensar en Liberto, el buen humor de Rafaela se esfumó en un instante.

—No lo menciones, es de mala suerte. —Miró el cielo, donde el atardecer teñía el horizonte de un resplandor dorado. La piscina reflejaba la luz y una brisa fresca creaba ondas en el agua.

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