Samanta no parece ser tonta, entonces, ¿por qué no entiende lo que le estoy diciendo?, pensó Rafaela.
—Sí, lo amo. Me muero por Kino —respondió con evidente sarcasmo.
Samanta entró en pánico.
—¡Pero... acabas de decir que no sentías nada por él! —exclamó, desconcertada por lo cambiante que era.
Rafaela ignoró su queja y salió de la habitación. De inmediato, la Sra. Carrillo se acercó a ella.
—Si tiene tiempo, me encantaría que se quedara a almorzar con nosotros.
—No es necesario, Sra. Carrillo. Mejor cuide bien de su hija.
—Tengo otros asuntos que atender, me despido.
Antes de que se fuera, la Sra. Carrillo la detuvo con una revelación.
—Kino está en la habitación de al lado. También está herido. Debería... ir a verlo.
—¿No le preocupa que pase algo entre nosotros? —cuestionó Rafaela.
—Si hubiera algo entre ustedes, dudo mucho que su acompañante... lo permitiera.
—Qué perceptiva es usted —admitió Rafaela.
La Sra. Carrillo sonrió y se hizo a un lado. El rostro de Rafaela palideció de golpe al reconocer una silueta familiar sentada en el sofá del pasillo... ¿quién más podría ser sino Liberto?
Joaquín se dio la vuelta e hizo una reverencia a modo de saludo.
—Señorita Rafaela.
¿En qué momento llegó?, se preguntó ella.
De repente, la voz sombría e inescrutable de Liberto rompió el silencio.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...