Solo de pensarlo, a Rafaela se le revolvía el estómago.
«Tanto que habla de amor… y no es más que un capricho material. Aparte de no haberse acostado con ella, ¿acaso Liberto no gastó una fortuna en Penélope?»
Rafaela no se creía que alguien que se había ido y luego había vuelto estuviera dispuesto a trabajar gratis para una empresa, sin pedir un solo peso, solo para saldar una deuda de gratitud con Liberto.
«¿Tres años? ¿Y qué tanto puede hacer en tres años?»
«¿De verdad cree que el Grupo Jara no puede funcionar sin ella?»
Rafaela tenía mil maneras de arruinarle la reputación y asegurarse de que no pudiera conseguir trabajo en Floranova. Pero una venganza así, aunque la dejaría satisfecha por un momento, no le traería ningún otro beneficio. Era mejor dejar que se quedara en el Grupo Jara y exprimirle hasta la última gota de valor que le quedara.
¿No se las daba de buena persona? ¿No quería pagar su deuda con Liberto?
Pues que se quedara en el Grupo Jara a pagarla lentamente.
Aunque… le daba mucha curiosidad saber si Raúl estaba al tanto de que su amada Penélope, durante los tres años que él estuvo ausente, había sido mantenida por otro hombre en una relación bastante turbia.
Joaquín abrió la puerta de la oficina del presidente y Rafaela entró sola. Vio a Liberto sentado en su escritorio, con algunas herramientas a un lado. Tenía la cabeza gacha, como si estuviera arreglando algo. Cuando se acercó, vio que se trataba de su reloj…
Justo cuando Liberto iba a devolvérselo, ella se lo arrebató.
—¿Quién te dio permiso de tocar mis cosas sin mi consentimiento?
Al verla enojada y tratando el reloj como un tesoro, Liberto no reaccionó con ninguna emoción en particular. Simplemente le dijo:
—Vi que el reloj que siempre usas estaba descompuesto en el cajón y pensé en ver si podía arreglarlo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...