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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 747

—Ah, pero se me olvidaba. Varios de la familia Ferreira están en la cárcel ahora mismo. Aunque quisieras volver, seguro ya no hay nadie en tu casa.

—¡Tú… estás mintiendo!

Los compañeros de Marisol, al ver que la situación se ponía tensa, buscaron una excusa para irse.

—Oye, Marisol, acabo de recordar que tengo algo que hacer en casa, así que mejor me voy.

—Sí, a mí de repente me empezó a doler el estómago, ya nos vamos.

Y uno por uno, se fueron.

Rafaela se puso de pie. Con su metro setenta de estatura, más los tacones que llevaba, su presencia era mucho más imponente que la de Marisol, que apenas superaba el metro sesenta. La sombra que proyectaba sobre ella era abrumadora.

—No creas que por ser más chica te voy a tener consideraciones. Te diría lo mismo delante del abuelo. No soporto a nadie de la familia Ferreira. Si yo fuera tú… me daría la vuelta ahora mismo, me iría a mi casa y no volvería a salir para no andar haciendo el ridículo por ahí. ¡Han hecho mucho daño!

—¡Mientes! ¡Tú eres la que hace daño! Ya me acordé, fuiste tú… ¡fue tu familia la que metió a mi papá a la cárcel! Eres la hija de esa zorra, ¿por qué no te moriste con ella? ¡Fue por tu abuela que mi abuela ha sido infeliz todos estos años! ¡Los que deberían estar muertos son ustedes, ustedes deberían estar en la cárcel! —Marisol se abalanzó para atacar a Rafaela, pero Adrián se interpuso y ella lo empujó al suelo.

Rafaela corrió a ayudarlo a levantarse.

—Adrián, ¿estás bien?

—Estoy bien, señorita.

—¿Qué está pasando aquí? ¡Marisol, qué estás haciendo! —Lucas, que acababa de terminar su reunión, bajó las escaleras y vio a Marisol empujando a Adrián.

Marisol corrió a quejarse con él.

—¡Abuelo, me está molestando! Dijo que la abuela y los demás son unos asesinos.

Rafaela frunció el ceño. «Está inventando todo».

—Y además, abuelo… ¿por qué le diste a ella las ciruelas que tanto me gustan? ¡Me prometiste la semana pasada que me las darías cuando volviera de la escuela! —Marisol, celosa, se acercó y, sin querer, le tiró el plato de ciruelas a Rafaela, que se hizo añicos en el suelo.

Al ver su comportamiento, Lucas frunció el ceño.

—¡Ya basta de tonterías!

—Sube a tu cuarto, esta noche no cenas.

—¡Abuelo, tú nunca me habías regañado! ¡Y ahora ni siquiera me defiendes! No me importa, ¡échala de aquí o me voy de la casa! —Marisol sintió que una extraña le había robado lo que era suyo, y el resentimiento la hizo estallar.

Capítulo 747 1

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