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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 791

Liberto Padilla tomó el tazón de avena y se lo acercó a la boca. Le costó un poco de trabajo, pero logró que ella comiera un poco.

—Mauricio, diles que se apuren, que tienen que llegar esta noche sí o sí.

Mauricio asintió con la cabeza:

—Sí, señor.

Rafaela Jara empezó a recobrar la consciencia poco a poco. Tosió un par de veces, sintiéndose incómoda. ¿Por qué ese olor le resultaba tan familiar?

Abrió los ojos lentamente y vio al gerente del hotel parado frente a ella. A su lado había una cara desconocida, un empleado del servicio a cuartos.

—Señorita Rafaela, por fin despierta.

Rafaela tenía la mente en blanco.

—¿Qué… qué me pasó?

El gerente cruzó las manos al frente y, con un español un poco tropezado, explicó:

—Cuando vinimos a traerle la cena, notamos que no respondía. El camarista se preocupó de que le hubiera pasado algo y decidió avisarme… Usé la tarjeta maestra para abrir y la encontramos desmayada en el piso.

» El médico dijo que solo se le bajó el azúcar, nada grave. No se preocupe, señorita Rafaela. Mañana… el personal del hotel la acompañará al hospital para un chequeo completo, solo por si acaso.

Rafaela miró al empleado que estaba a su lado y preguntó:

—¿Fuiste tú quien estuvo aquí conmigo todo el tiempo?

—Sí, señorita Rafaela —respondió el empleado.

Pero… el olor en él no cuadraba. Aunque estaba medio inconsciente, Rafaela no había perdido el sentido del olfato. El aroma que había percibido era, sin duda, el de la loción que Liberto solía usar en sus trajes; una mezcla sutil pero con un toque frío y penetrante, nada común.

Todavía con la duda en la cabeza, notó por el rabillo del ojo una fila de ropa colgada en el perchero. Eran prendas adecuadas para el clima actual de Francia.

—¿Y esa ropa?

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