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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 818

—¿Dónde estás ahora? —La voz de su papá sonaba severa, lo que desconcertó a Rafaela. Estando a miles de kilómetros de Floranova, no creía haber hecho nada para enojarlo. El ruido de las olas era muy fuerte y no escuchaba bien, así que se dio la vuelta, se puso los zapatos y se dispuso a volver al hotel. En ese momento, vio una fila de carros negros deteniéndose en la entrada. Sin saber por qué, tuvo un mal presentimiento y apuró el paso hacia el lobby.

—Papá, ¿qué pasa?

Fernández habló con pesadez, dudando:

—Rafaela... lo que te voy a decir puede ser difícil de aguantar. Me acabo de enterar hoy. Hubo disturbios violentos en el centro de París. Un grupo armado asaltó una tienda y Liberto intentó impedir que los delincuentes huyeron. En el proceso... sufrió un accidente de auto.

—Logró salvar mil millones de dólares en pérdidas, pero su estado... parece que no es bueno. Yo... no puedo volar para allá ahora mismo.

—Escuché de Joaquín que Liberto lleva cinco días en coma. Su vida corre peligro en cualquier momento, podría no despertar nunca. Tienes... tienes que prepararte para lo peor.

Sintió un zumbido en la cabeza. El celular se le resbaló de la mano y cayó en el paso de cebra de regreso al hotel; la pantalla se estrelló. Su mente se quedó en blanco, el corazón le dio un vuelco violento, y solo ese golpe la hizo reaccionar.

Corrió a la habitación. La puerta estaba abierta y vio a Mauricio dándoles órdenes a los guardaespaldas para que sacaran las maletas de ella.

—Señora, ¿ya regresó?

—Lo siento mucho, señora. Recibimos noticias de que esta zona no es segura. El joven amo tiene asuntos que atender en Francia y se quedará un tiempo más. Dejó órdenes de que usted regrese al país temporalmente. En cuanto esté segura allá, él resolverá lo de aquí y regresará lo antes posible.

—¿Así que eso es todo? —El corazón de Rafaela latía con una fuerza extraña, llenándola de ansiedad. Aun así, trató de mantener la calma, fingiendo que no sabía nada del accidente de Liberto.

Rafaela mantuvo la compostura, fingiendo que no sabía nada y que no le importaba en lo más mínimo si Liberto estaba vivo o muerto. Ni siquiera le preguntó a Mauricio dónde había estado Liberto estos días.

¿Fue un choque? ¿Un disparo?

Esas cosas ella ya las había vivido. Ahora le tocaba a él, le parecía justo. Ese medio año, él no apareció ni una vez. Ahora que a él le pasaba algo, ¿por qué... por qué tendría ella que preocuparse por él?

¡Exacto! ¡Por qué!

Rafaela bajó la mirada, ocultando sus ojos. Esa voz resonaba en su mente. Aunque se lo repetía una y otra vez, su corazón no se calmaba; seguía latiendo a mil por hora.

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