Rafaela escribía y borraba el mensaje, sin saber qué enviarle. No le correspondía intervenir en los asuntos privados de la familia Cruz, y mucho menos decirle a Macarena qué hacer. Aunque Alonso la hubiera criado en el pasado, eso no le daba derecho a meterse.
Tras dudar un momento, Rafaela decidió ser directa:
«Maritza, son problemas de tu familia. No está bien que yo ande opinando a sus espaldas. Sea como sea, es asunto de la familia Cruz, de tu hermano y de ustedes. Tú y yo somos mejores amigas, y no me parece correcto hablar mal de nadie».
En cuanto envió el mensaje, Rafaela se arrepintió, pero ya no podía borrarlo.
Al ver que no le contestaban, volvió a escribir:
«Acaban de salir unos bolsos nuevos, ¿quieres que te lleve uno?».
«También hay muchas cosas ricas por acá».
Maritza leyó los mensajes de Rafaela y soltó un suspiro, totalmente desanimada. Desvió la mirada y vio a Macarena cargando al bebé, platicando muy sonriente con los mayores de la familia Cruz. Aquella escena le revolvió el estómago.
Si quien estuviera allí fuera Rafaela, Maritza no sabría ni dónde meterse de la felicidad.
Pero ahora, ni los bolsos le importaban.
Maritza, con cara de pocos amigos, escribió:
«¿Cuándo vas a volver? Dijiste que vendrías a mi casa para Año Nuevo. Fui a la tuya y el señor Fernández no estaba».
Rafaela: «En un tiempo más. ¿Ya cenaste?».
Maritza: «No tengo hambre. Verla tan feliz me quita el apetito. Este año le dieron más dinero de aguinaldo que a mí. ¡¡¡La odio!!!».
Tras enviar el mensaje, Maritza levantó la vista y se topó con los ojos de Macarena. Al notar la mirada hostil de Maritza, Macarena le pasó el niño a una empleada y se acercó a ella.
—Vi que casi no comiste nada en la mesa. ¿Quieres que te prepare algo de cenar?


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...