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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 13

A las siete de la tarde, Zulema arregló sus cosas y se preparó para ir a la gala.

Llevaba un vestido rosa pálido con corte de campana que le llegaba justo por debajo de las rodillas. La cintura estaba perfectamente entallada y llevaba el cabello recogido, dejando al descubierto su delicado cuello.

Ese vestido lo había elegido la esposa de su mentor, quien le había dicho que, como había perdido peso, ese color le daría mucha más vida a su rostro. Al mirarse en el espejo, Zulema sintió que no parecía ella misma. Era como si hubiera renacido; soltó un largo suspiro frente al cristal y sintió que una carga se aligeraba en su pecho.

La gala se celebraba en un hotel del centro de la ciudad, y todo el vestíbulo brillaba con un esplendor deslumbrante.

Esa noche no podía regresar con las manos vacías. De esa velada dependía si el Instituto volvía a la vida o se hundía por completo.

Zulema se preparó mentalmente, pero antes de dar un paso más, vio que un auto negro se detenía lentamente a poca distancia.

Se abrió la puerta y Alberto Fajardo bajó primero; luego rodeó el auto y extendió la mano para ayudar a Úrsula Salazar a bajar. Úrsula llevaba un vestido largo de color azul oscuro, cuya tela se arrastraba por el suelo. Alberto se inclinó con total naturalidad para levantarle el bajo del vestido, acomodarlo con cuidado y, al enderezarse, le dedicó una sonrisa llena de ternura.

Al ver esa escena, Zulema sintió como si algo le pinchara el corazón sutilmente.

De repente recordó que, durante los cinco años que estuvo casada con él, Alberto jamás había hecho algo así por ella. Cada vez que usaba un vestido de gala, sin importar lo largo que fuera, él solo se quedaba a un lado esperando a que ella misma se lo arreglara. A veces le extendía la mano para ayudarla a subir, pero nunca se inclinó para levantarle la falda.

Ante ella, él siempre mantenía la espalda recta; se negaba a doblegarse.

En aquel entonces no le daba importancia. Incluso llegó a pensar que estaba bien así, que con el simple hecho de tenerlo a su lado se sentía segura.

Ahora comprendía que no era que no supiera inclinarse; era que no quería hacerlo por ella.

Zulema apartó la mirada, respiró hondo y cerró los ojos por un instante.

No importaba. De todos modos, en un mes se iría de allí y nada de aquello tendría que ver con ella.

Zulema levantó el borde de su vestido y se dispuso a entrar, intentando evitar cruzarse con ellos.

Pero, como suele pasar, lo que más temes es lo que sucede.

—¿Zulema? —la voz de Úrsula sonó desde un costado, con un tono suave y una pizca de sorpresa.

Zulema detuvo el paso. Al girar la cabeza, vio a Úrsula aferrada del brazo de Alberto, caminando hacia ella.

Alberto llevaba un traje negro de corte impecable, y sus facciones se veían aún más marcadas bajo la iluminación. Al acercarse, su mirada se posó en Zulema y se detuvo un momento.

Ese vestido rosa pálido la hacía lucir completamente diferente a lo habitual.

Durante esos cinco años en la familia Fajardo, ella se había dedicado a las labores del hogar, siempre girando en torno a Milagros, vistiendo ropa cómoda o simples camisetas y jeans, con el cansancio siempre marcado en el rostro.

Capítulo 13 1

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