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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 21

Zulema Nieto estaba sentada frente a la mesa de centro, observando la figura de Milagros que se alejaba corriendo, como si temiera que, de tardar un segundo más, Zulema se arrepintiera y dijera que se quedaría. Sintió una leve punzada en el pecho, suspiró, se puso de pie y se sacudió unas basuritas de la falda.

Luego tomó su bolso, apagó las luces de la sala y se marchó.

Arriba, Milagros entró corriendo a su habitación, arrojó la tableta sobre la cama y se zambulló entre las sábanas, rodando de felicidad.

Escuchó el leve sonido de la puerta principal cerrándose abajo, y de inmediato todo quedó en silencio.

¡Sí! ¡Mamá se fue!

Milagros soltó un grito de alegría, salió de entre las sábanas, volvió a tomar la tableta y abrió el chat con Úrsula Salazar.

Dudó un momento, pero al final preguntó:

—Señorita Ursi, ¿sigues ahí? Mi mamá ya se fue, ¿puedo hacerte una videollamada?

Después de enviarlo, abrazó la tableta y esperó unos segundos. Úrsula respondió muy rápido:

—Mila, ya es tarde. Mañana por la mañana tengo que pasar a buscarte para ir a la escuela, así que mejor duérmete temprano, ¿sí?

Milagros apretó sus pequeños labios. Quería decir algo más, pero al final solo respondió con un «está bien».

Dejó la tableta en la mesita de noche, se dio la vuelta y se quedó mirando el techo, pensativa.

Quería hacer una videollamada, quería ver a la señorita Ursi, quería ver a su papá.

También quería preguntarle a su papá si podía pasar a buscarla un poco más temprano a la mañana siguiente. Quería ser la primera en llegar al kínder, para que todos los niños vieran lo verdaderamente feliz que era.

Pero la señorita Ursi le había dicho que durmiera temprano. Aunque Milagros no estaba muy contenta, obedeció y no envió más mensajes.

Dos golpes sonaron en la puerta y la voz de Hortensia se filtró desde el pasillo.

—Niña Mila, es hora de bañarse.

Milagros se sentó en la cama y respondió.

—¡Está bien, ya voy!

Saltó de la cama. Hortensia ya había llenado la tina en el baño. Probó la temperatura del agua, se dio la vuelta al verla y dijo con una sonrisa:

—Niña Mila, el agua está lista, venga.

Milagros se quitó la ropa y se metió en la tina. Entrecerró los ojos, sintiéndose cómoda. Hortensia tomó una toalla, la mojó y empezó a tallarle la espalda.

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