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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 27

Zulema observó con frialdad cómo Milagros entraba corriendo al kínder, sin mostrar la más mínima expresión en su rostro.

Si Milagros no quería verla, que así fuera. Hacia ella ya solo le quedaba el sentido del deber; el amor maternal incondicional se había agotado.

Cumpliría con sus obligaciones, pero aquello que se da sin esperar nada a cambio... ya no tenía fuerzas para darlo.

Al llegar al Instituto, Zulema abrió la puerta de la oficina. Julia ya estaba ahí, organizando los documentos sobre el escritorio del maestro Xavier. Al ver entrar a Zulema, Julia le hizo señas para que se acercara.

—Zuly, qué bueno que llegas, tengo algo que contarte.

Zulema se acercó y tomó asiento.

—¿Qué pasa, Julia?

—Hoy va a llegar una investigadora recomendada directamente desde arriba —Julia frunció el ceño—. Va a integrarse directo al equipo del proyecto.

Zulema se sorprendió un momento y de pronto recordó la conversación que había escuchado en el pasillo el día anterior. En ese instante no le dio importancia; pensó que, sin importar quién fuera, todos competirían bajo las mismas reglas y cada quien demostraría su capacidad. No imaginó que llegaría tan pronto.

—¿Quién es? —preguntó Zulema.

Julia negó con la cabeza.

—No tengo los detalles, solo sé que es del sector farmacéutico y que tiene muy buenos contactos. Entrar al Instituto en este momento crucial solo puede significar dos cosas: o viene por el seminario que es en un mes, o viene buscando acercarse a tu maestro.

Zulema se quedó en silencio, intuyendo la realidad de la situación. Ahora que el Instituto había conseguido el respaldo de Hengyuan y el proyecto había revivido, Xavier Ortiz, siendo una eminencia en el rubro, se había convertido en el trofeo que muchos anhelaban.

No era extraño que alguien con influencias buscara colarse para ganar prestigio.

Zulema tomó su taza y dio un sorbo de agua.

—Que venga quien quiera. Aquí demostraremos de qué estamos hechos.

Julia la miró de reojo y suspiró profundamente.

—Ay, niña, eres demasiado ingenua.

Mientras hablaban, el sonido de múltiples voces y pasos agitados irrumpió en el pasillo.

Julia y Zulema cruzaron miradas, se levantaron al mismo tiempo y salieron de la oficina.

En el pasillo ya había varios investigadores reunidos, todos mirando hacia la entrada principal.

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