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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 69

Zulema habló y le extendió el dedo meñique.

—Zuly va a estar aquí cuando te pongan tu inyección. Y cuando despiertes, Zuly seguirá aquí.

Cereza la miró fijamente durante un largo rato, como si estuviera evaluando si podía confiar en su promesa. Sus ojitos, oscuros como uvas, se movieron de un lado a otro. Finalmente, sacó su manita por debajo de las sábanas y enlazó su dedo meñique con el de Zulema.

Zulema sostuvo su dedo, y Cereza exigió que sellaran el trato. Cuando juntaron los pulgares, la niña por fin se relajó.

—Está bien —dijo, destapándose por completo—. Dejaré que me pongan suero.

Pero enseguida agregó una frase, aferrándose a un último rastro de terquedad:

—Pero no quiero ir al hospital.

Zulema lo pensó un momento, volvió a envolverla en la cobija y salió de la habitación para marcarle a Sebastián.

Él contestó a los dos tonos; el ambiente de fondo en su línea era muy silencioso.

—Cereza sigue sin querer ir al hospital, Señor Ríos, ¿cree que pueda llamar a un doctor de confianza para que venga a la casa? —le explicó Zulema la situación.

—De acuerdo. Entendido.

La llamada terminó. Sebastián no añadió ni una palabra más, pero Zulema sabía que él lo arreglaría de inmediato.

Cuando regresó a la recámara, Cereza ya se había sentado por su cuenta, apoyando la espalda contra la cabecera. Su carita seguía roja por la fiebre. Al ver entrar a Zulema, levantó la cabeza y frunció el ceño con preocupación.

—Zuly, ¿mañana de todos modos vamos a ir al parque de diversiones?

Zulema se sentó al lado de la cama y le acomodó el cabello detrás de la oreja.

—Si te mejoras sí, pero si no dejas que te pongan suero, no te vas a curar rápido y es muy probable que mañana no podamos ir.

Cereza hizo un puchero de inmediato.

—¡Sí quiero mi suero! ¡Me voy a portar muy bien!

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