—El sabor del fracaso no es nada agradable, ¿verdad? Te diste cuenta de que mi hijo es tu única salvación, te arrepentiste y volviste corriendo a rogarle.
La puerta de una de las habitaciones rechinó.
El señor Quintana salió apresuradamente, sosteniendo su celular donde estaba jugando póker en línea. Al principio se sorprendió.
—Sofía, ¿qué haces de regreso?
Pero luego reaccionó, frunciendo sus tupidas cejas. Jaló a su esposa del brazo y le susurró: —Vuelve a ver tu telenovela, vamos. Déjala en paz.
Sofía se puso los protectores y comenzó a subir las escaleras.
La señora Quintana estalló a sus espaldas.
—¿Por qué me jalas? Iván por fin se había deshecho de este peso muerto y ahora regresa como si nada.
El señor Quintana le murmuró al oído: —¡Piensa en el negocio, mujer! La clínica es un desastre, todos piden reembolsos y arman escándalos. Ayer llamaron a la policía porque esa tal Selina dejó a un paciente sin poder mover el brazo.
La señora Quintana se dejó caer de nuevo en el sofá.
Por el bien de los pacientes que Iván necesitaba que Sofía atendiera, hoy se tragaría sus insultos y no la echaría a patadas. Pero no le prometía aguantar mucho tiempo.
Iván ya pasaba de los treinta; los hijos de sus amigos ya estaban en la primaria y él ni siquiera se había casado.
Mientras Sofía y sus mocosos estuvieran en la casa, seguirían espantando a las buenas candidatas a nueras.
Sofía bajó las escaleras con una pequeña bolsa de papel en la mano.
La señora Quintana la fulminó con la mirada desde lejos. Su expresión era contradictoria: la necesitaba para que generara dinero, pero la odiaba por ocupar espacio en su casa. Era como tratar a una mula de carga; útil para el trabajo, pero indigna de sentarse en la mesa.
Cuando Sofía llegó al primer piso, la señora Quintana no aguantó más y escupió su veneno.
—Espero que te quede claro que es mi hijo quien te está dando caridad. Eres divorciada y tienes hijos de otro hombre. ¿Crees que mi hijo podrá pasar por alto algo tan humillante?
—Si vas a volver a vivir aquí, te dejo las reglas claras: tú te seguirás encargando de Julieta y su hermana. Las ayudarás con la escuela y pagarás sus colegiaturas. Además, tú compras la despensa; ya se acabaron los huevos de granja, llama para que traigan más.
—Y despide a la señora de la limpieza. A nosotros no nos gusta la comida que prepara. Además, mi nieto Kevin va a vivir aquí para ir al kínder, así que quiero que vayas hoy mismo a pagarle la inscripción.
Sofía simplemente abrió la puerta para irse.
La señora Quintana alzó la voz para que la escuchara desde la calle:
—¡La gratitud debe ser mutua! Si mi familia te recoge a ti y a los hijos de tu ex de la calle, tienes que pagarnos sirviéndonos...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...