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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 15

Al borde de la muerte.

Su instinto de supervivencia la hizo luchar con desesperación, arañando ciegamente a su alrededor.

Justo cuando sentía que sus pulmones iban a estallar y estaba a punto de ahogarse, sus dedos rozaron un cierre.

¡Fiu!

Una chispa de esperanza.

Abrió el cierre, era un bolsillo. Metió la mano de inmediato y sintió un estuche alargado.

La textura le resultó familiar, lo sacó de prisa y lo palpó...

De inmediato, sintió una mezcla de asombro y alivio.

Era su estuche de herramientas médicas; adentro estaban las Agujas Celestiales de su abuelo, y en el forro, aquella pequeña navaja quirúrgica tan filosa que podía cortar acero.

En un instante comprendió su situación: la habían encerrado en su propia maleta.

Es decir... alguien la había metido ahí y la había arrojado al río.

Sacó la navaja rápidamente y, con un corte preciso, desgarró la lona de la maleta.

Hizo otro corte, y otro más...

Hasta que por fin pudo sacar el brazo.

Con la mano izquierda aferró las Agujas Celestiales y con la derecha empujó los restos de la maleta que le apresaban las piernas.

Nadando con un solo brazo, logró salir a la superficie.

Había escapado de la muerte.

Las lágrimas que llevaba tiempo conteniendo brotaron con fuerza.

Cayeron sobre el agua, resonando con el dolor de su corazón roto, mientras una tormenta de emociones la invadía.

Ya se había divorciado, se había ido, no le estorbaba a nadie.

Y aún así, habían intentado asesinarla.

¡Qué corazón tan podrido! ¡Qué método tan cruel, persiguiéndola hasta intentar borrarla del mapa!

El instinto de supervivencia la impulsó a nadar rápido hacia la orilla.

Se arrastró hasta la tierra y se desplomó entre la maleza.

Al recuperar el aliento, sintió un dolor insoportable en la cabeza. Era como si le hubieran dado con un mazo en la nuca; sentía que el cráneo se le iba a partir.

Se dio cuenta de que, antes de meterla en la maleta, la habían golpeado en la cabeza.

Estaba malherida.

Sacó rápidamente sus agujas y buscó sus puntos de presión.

Se las clavó para desbloquear los meridianos, liberar la sangre acumulada y curarse a sí misma.

En el cielo nocturno, unas nubes oscuras tapaban la luna.

La atmósfera parecía sacada del inframundo, con una niebla densa y lúgubre cubriendo la tierra.

Unos enormes pájaros negros sobrevolaban en círculos, graznando fúnebremente.

El destino ya le había abierto las puertas del más allá, listo para recibirla.

Las aves carroñeras no dormían, esperando devorarla.

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