El auto en el que se encontraba estaba metido en medio del tráfico del estacionamiento.
Si gritaba pidiendo ayuda, se quedaría sin voz y nadie la escucharía.
—Esto es... —Después de haber sido encerrada tantas veces, tuvo un ataque de pánico.
El terror se apoderó de ella, erizándole la piel, y comenzó a temblar descontroladamente.
¡Toc, toc, toc...!
Se arrodilló sobre el asiento y golpeó la ventana.
La puerta del auto se abrió y la cabeza de Lorenzo se asomó con una cálida sonrisa.
—¿Ya despertaste? —preguntó suavemente.
Pero Sofía estaba llorando.
Lorenzo puso su mano sobre la frente de ella para comprobar su temperatura. —¿Te sientes mal? Dímelo.
Sofía seguía aterrada y, con la voz quebrada, preguntó: —¿Dónde estoy?
—En el estacionamiento del Hospital General de la Ciudad.
—¿En el hospital?
Lorenzo la miró con profundo dolor. —Estabas temblando mientras dormías. Me preocupé por tu salud, así que te traje a que te revisen.
Sofía no quería ir al hospital.
Temblar en sueños era producto del miedo y el pánico que había vivido esos últimos días.
Sus nervios habían estado al límite y, aunque ya estaba a salvo, aún no se recuperaba del trauma.
Pero Lorenzo la agarró firmemente de la muñeca y, sin darle opción, se la llevó.
Tuvieron que sacar una cita para el turno de la tarde. Sofía se quedó sentada en unas sillas acolchadas de la sala de espera, acompañada por Joaquín y tres guardaespaldas.
Mientras tanto, el mismísimo Lorenzo Lira fue a sacar la ficha de atención.
Había una larga fila frente a las máquinas de autoservicio.
Cuando logró conseguir un turno, era el último; la atenderían hasta las cinco de la tarde.
Lorenzo observó a Sofía a lo lejos. Su figura se veía tan frágil que no podía permitir que esperara tanto tiempo.
Siguiendo las instrucciones de la clínica, fue a buscar a un doctor para que la atendiera de urgencia.
El departamento de medicina interna estaba en el tercer piso, así que subió por las escaleras eléctricas desde la planta baja.
En la esquina del segundo piso, cerca de las áreas de radiología y ultrasonido, giró a la izquierda para buscar el ascensor hacia el tercer piso.
En ese momento, alguien lo llamó por detrás.

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