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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 253

Antes del amanecer, la mansión de la familia Corona estaba completamente iluminada.

Los que podían levantarse y los que no, ya estaban despiertos.

Se respiraba en el aire que hoy sería un día lleno de eventos explosivos.

Lucía Corona, una de las integrantes de la familia, con su habitual actitud de que nada le importaba, se había arreglado de manera espectacular y seductora. Iba a salir a divertirse y a buscar al joven galán al que le había echado el ojo el día anterior.

Isabel Molina estaba en la sala, acompañando a Leandro Corona, quien tenía la costumbre de levantarse temprano para leer las noticias.

Al ver a Lucía bajar por las escaleras, luciendo tan sensual y hermosa, Isabel sonrió desde lejos y bromeó:

“Cuñada, estás preciosa. ¿A quién planeas enamorar hoy?”

Lucía bajaba caminando como si estuviera en una pasarela.

Su cabello lacio y rubio se balanceaba con cada paso, derrochando encanto y sensualidad.

“Voy a buscar a Lorenzo Lira para pasar el rato. Mañana me regreso a Rosarito.”

Parecía que de verdad se había encaprichado con el heredero de la familia más rica del país.

Isabel hizo un ligero puchero.

Hoy no le preocupaba que Lucía se encontrara con Lorenzo y Sofía juntos.

Su amado y eficiente Leandro, al enterarse ayer de que Sofía la había insultado, cobró venganza de inmediato y logró separarlos, haciendo que Lorenzo dejara a Sofía abandonada.

Sofía había sido empujada nuevamente a un abismo de soledad y desamparo.

Lorenzo estaba libre, y con su posición, podía tener a la mujer que quisiera en cualquier momento.

Sin embargo...

Isabel tampoco apoyaba la idea de que Lucía fuera tras él.

Lucía era seis años mayor que Lorenzo, tenía un carácter salvaje y rebelde. El heredero legítimo de la familia más poderosa no se casaría con una mujer dominante que pareciera su madre.

Isabel fingió una sonrisa cómplice e intentó detenerla sutilmente.

“Quién sabe, tal vez el señor Lira voló de regreso a Rosarito anoche.”

“No, no, no,” respondió Lucía mientras se miraba en el reflejo de la puerta de cristal de la vinatera para retocarse el labial. “Ayer me dijo que no se iría, que aún tenía asuntos que resolver.”

Isabel miró a Leandro.

Lucía estaba siendo demasiado atrevida, rozando lo ridículo. Alguien de la familia debía intervenir y hacerla entrar en razón.

Pero Leandro no despegaba los ojos del periódico.

Incapaz de contenerse, Isabel le dio un tironcito al saco de su traje.

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