Antes del amanecer, la mansión de la familia Corona estaba completamente iluminada.
Los que podían levantarse y los que no, ya estaban despiertos.
Se respiraba en el aire que hoy sería un día lleno de eventos explosivos.
Lucía Corona, una de las integrantes de la familia, con su habitual actitud de que nada le importaba, se había arreglado de manera espectacular y seductora. Iba a salir a divertirse y a buscar al joven galán al que le había echado el ojo el día anterior.
Isabel Molina estaba en la sala, acompañando a Leandro Corona, quien tenía la costumbre de levantarse temprano para leer las noticias.
Al ver a Lucía bajar por las escaleras, luciendo tan sensual y hermosa, Isabel sonrió desde lejos y bromeó:
“Cuñada, estás preciosa. ¿A quién planeas enamorar hoy?”
Lucía bajaba caminando como si estuviera en una pasarela.
Su cabello lacio y rubio se balanceaba con cada paso, derrochando encanto y sensualidad.
“Voy a buscar a Lorenzo Lira para pasar el rato. Mañana me regreso a Rosarito.”
Parecía que de verdad se había encaprichado con el heredero de la familia más rica del país.
Isabel hizo un ligero puchero.
Hoy no le preocupaba que Lucía se encontrara con Lorenzo y Sofía juntos.
Su amado y eficiente Leandro, al enterarse ayer de que Sofía la había insultado, cobró venganza de inmediato y logró separarlos, haciendo que Lorenzo dejara a Sofía abandonada.
Sofía había sido empujada nuevamente a un abismo de soledad y desamparo.
Lorenzo estaba libre, y con su posición, podía tener a la mujer que quisiera en cualquier momento.
Sin embargo...
Isabel tampoco apoyaba la idea de que Lucía fuera tras él.
Lucía era seis años mayor que Lorenzo, tenía un carácter salvaje y rebelde. El heredero legítimo de la familia más poderosa no se casaría con una mujer dominante que pareciera su madre.
Isabel fingió una sonrisa cómplice e intentó detenerla sutilmente.
“Quién sabe, tal vez el señor Lira voló de regreso a Rosarito anoche.”
“No, no, no,” respondió Lucía mientras se miraba en el reflejo de la puerta de cristal de la vinatera para retocarse el labial. “Ayer me dijo que no se iría, que aún tenía asuntos que resolver.”
Isabel miró a Leandro.
Lucía estaba siendo demasiado atrevida, rozando lo ridículo. Alguien de la familia debía intervenir y hacerla entrar en razón.
Pero Leandro no despegaba los ojos del periódico.
Incapaz de contenerse, Isabel le dio un tironcito al saco de su traje.
Los ojos de Lucía se llenaron de lágrimas. Con el delineador negro enmarcando sus ojos enrojecidos, mostró un raro colapso emocional.
Era doloroso verla así.
Leandro apartó la mirada.
Pero la tormenta ya se había desatado. Lucía se dejó arrastrar por sus emociones, liberando una frustración que la asfixiaba.
“Nací en esta familia, pero ¿alguna vez fui querida? ¿Alguna vez les importé?”
“Desde pequeños, papá nunca estaba en casa, ¡y las pocas veces que volvía, solo tenía ojos para ti!”
“Mamá vivió toda su vida tratando de amarrar a un hombre.”
“Para darle a papá el hijo varón que tanto deseaba, se la pasaba probando remedios y visitando doctores. Su obsesión por tener un niño era tan grande que cuando nací yo, su tercer intento, y le dijeron que era niña, ni siquiera me miró y dejó que la niñera me llevara.”
“Comía y dormía con la niñera. Apenas estaba aprendiendo a hablar, y ella ya estaba embarazada de su cuarto hijo.”
Lucía se mordió el labio.
Las lágrimas comenzaron a brotar sin control.
El dolor transformó su rostro, dejándola pálida y desencajada.
“Cuando mamá finalmente quedó embarazada del hijo que tanto anhelaba, estaba tan emocionada que se fue al extranjero a pasar su embarazo.”

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...