“Escuché que vivió en un inmenso castillo en Francia, dándose la gran vida de la realeza.”
“Mientras tanto, yo tenía fiebre de cuarenta y un grados. Lloraba de dolor, y la niñera me dio dos bofetadas que me dejaron inconsciente. Estuve desmayada todo un día y a nadie le importó. Para cuando desperté, estaba en un estado deplorable.”
Lucía señaló a Leandro con el dedo. “Gracias a ti, mamá aseguró su lugar como la señora Corona. La amante de papá lloró a mares y se tuvo que ir con su hijo bastardo, que nació apenas unos días después.”
“Por eso, durante toda su vida, a mamá solo le importaste tú. Porque tú fuiste su boleto al poder.”
“Eres su niño perfecto, su mayor orgullo.”
“Incluso cuando tenías once años y un estafador charlatán le metió ideas raras en la cabeza, mamá se lo tomó tan en serio que trajo a Sofía a esta casa, le dio comida, techo y la metió a un colegio exclusivo... solo para que fuera tu escudo humano y absorbiera tu mala suerte.”
Lucía miraba a Leandro con un resentimiento profundo.
Si sus padres eran así y el entorno familiar era tan tóxico, él también tenía gran parte de la culpa.
¿Acaso por ser hombre ya se creía la gran cosa?
Le había robado todo el amor de su madre, y era el único hijo al que su padre le prestaba atención.
¿Todo porque era varón y podía heredar la empresa?
¡Era demasiado injusto!
“Mamá siempre te trató como a un rey, es lógico que tengas un apego profundo por ella. Pero yo, que siempre fui un estorbo en esta familia, no voy a ir al centro de detención a amargarle el día a esa señora.”
Dando pisotones con sus altísimos tacones, Lucía se dio la vuelta y se fue hecha una furia.
Leandro le gritó por la espalda: “¿A dónde vas?”
Isabel le susurró al oído con malicia: “Va... a... buscar... a Lorenzo.”
Los ojos de Leandro se oscurecieron.
“Que te interese Lorenzo Lira es algo bueno, pero no te apresures. Deja que sea él quien te busque.”
Lucía detuvo sus pasos.
Leandro adoptó una postura de patriarca protector. “Para el matrimonio de una mujer, las cosas deben hacerse bien y con el respeto adecuado. Tienen que pedir tu mano formalmente y cortejarla con todos los honores. Eres una mujer excepcional. Si Lorenzo te consigue, se está llevando un tesoro. Solo te casarás cuando él venga a nuestra puerta a suplicar por tu mano.”
Isabel se levantó rápidamente del sofá y corrió hacia ella.

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