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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 292

Fue como un gran sueño que terminó por hacerse añicos.

Al despertar.

Las personas y el paisaje ante sus ojos habían cambiado por completo.

Cuando Karina abrió los ojos, su mirada se encontró directamente con el techo.

De allí colgaba una gran lámpara en forma de mariposa. Las alas eran de dos colores: azul cielo a la izquierda y un tono crema a la derecha, con el centro de un cristal brillante y tornasolado.

Esa no era su habitación.

Hernán Salinas tenía una obsesión con los tonos monocromáticos; la habitación de ellos era estrictamente blanca y negra.

Miró a su alrededor. Sobre la mesita de noche había un pequeño jarrón de porcelana blanca con un ramo de nubes rosadas. Las flores de invierno desprendían un aroma dulce y reconfortante.

Estaba cubierta por un edredón de plumas color champán, a juego con las sábanas, y la parte que caía por el borde de la cama tenía hermosos bordados florales.

Su cuerpo estaba inmerso en ese tono champán cálido y romántico.

Se sintió como si hubiera llegado a un mundo nuevo, experimentando un renacimiento.

La puerta se abrió.

El rostro sonriente de Sofía apareció en su campo de visión, entrando con una bandeja de comida.

Y detrás de ella, una fila de pequeños seguidores.

—¡Buenos días, tía Kari! ¡Vinimos a verte! —exclamó Ana, dando saltitos y agitando una hoja de lechuga.

Tras ella, entraron un patito amarillo y un gansito blanco, persiguiéndola para comerse la hoja.

—Qué lindos, Anita. ¿Son tus mascotas? —Karina apoyó las manos en el colchón, intentando sentarse.

Sofía dejó la bandeja en la mesita de noche desocupada y se apresuró a ayudarla.

Una vez que se sentó correctamente, Sofía le dio un vaso de agua tibia.

—Son míos y de mi hermanito. También tenemos un perrito, se llama Estrellita, ¡y también quiere verte!

Mientras hablaba, Sebastián entró cargando una pequeña canasta de mimbre.

—¡Hola, tía! —dijo el niño, levantando la canasta.

Un cachorro de carita negra, orejas amarillas y cabeza redonda asomó la nariz con timidez.

—Estrellita es muy miedosa, no se atreve a subir las escaleras, así que la abuela Celeste me dio esta canasta para traerla.

Ana se inclinó para acariciarlo. —Déjame consolarla un poquito.

Su pequeña mano acarició la cabeza de Estrellita. —No tengas miedo, la que está en la cama es nuestra tía Kari, es parte de la familia.

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