El bebé de Ximena estaba irritable por el sueño y lloraba frotándose los ojitos.
El desgarrador llanto del infante inundaba toda la sala de estar.
Era un ruido estresante y ensordecedor.
—¡Lo siento mucho! —Sofía tomó de la mano a sus dos hijos e hizo una pequeña reverencia hacia los presentes—. Les he causado muchos problemas.
Pero antes de que pudiera inclinarse más, la mano firme de Lorenzo sostuvo su delgada cintura.
La enderezó con delicadeza y la obligó a mantenerse firme y con la cabeza en alto.
—Ustedes son las víctimas, no tienen por qué pedir perdón a nadie.
Mientras hablaba, su mirada se dirigió hacia Lucas.
—Lucas, el comportamiento de Ximena no es normal, no lo tomes a la ligera.
Lucas asintió.
—Voy a buscar un momento para investigar con quién se ha estado juntando últimamente y ver si alguien le metió esas ideas. Ella es ingenua, por sí sola jamás habría planeado algo tan perverso.
Lorenzo lo miró fijamente, mostrando una severidad que rara vez dejaba ver.
Lucas, entendiendo el mensaje, se volvió hacia Sofía.
—Sofía, de verdad, lo siento mucho. Como ya dije, te pido perdón a ti y a Sebas en nombre de Ximena.
Luego se dirigió a Sebastián:
—Sebas, tu tía hizo muy mal. Tu tío Lucas te pide perdón por ella.
Sebastián hizo una ligera reverencia para aceptar las disculpas.
Sofía, sintiéndose un poco incómoda, respondió:
—Lucas, te lo agradezco...
Lorenzo le tapó la boca con el dedo suavemente.
—Ya está. A los que lastimaron fue a ti y a los niños. Si sigues dando las gracias así, solo vas a lograr que me dé más coraje ver lo buena que eres.
Al escuchar esto, a todos los mayores presentes se les dibujó una sonrisa en el rostro.
Zafira Lira, en particular, estaba encantada.
—Eres un pan de Dios. Hasta cuando te tratan mal, te mantienes calladita y no haces escándalo. ¿Cómo no te vamos a querer, mi niña?
Sofía también sonrió, sintiéndose más aliviada.
—La abuela es un amor conmigo.
—Pues claro que sí. Eres la primera Doctora Valdivia que conozco que me ha dejado con la boca abierta desde el primer día.
La señora mayor les hizo señas con la mano.
—Vengan, vengan para acá. Déjenme darles un abrazo a mis niños.

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