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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 376

¡Sentía que el mundo se le venía encima!

Ahhhh...

Se quedó llorando en medio de la tormenta de nieve, con los pies descalzos sangrando por correr.

Su sangre de un rojo brillante se derretía en la nieve pura y blanca.

Después de diez agónicos minutos, Iván finalmente devolvió la llamada tras enterarse de lo que habían hecho sus padres.

—¡Lo siento! ¡Sofi, te pido perdón por lo que hicieron mis padres!

¿Lo estaba admitiendo?

Se confirmaba que los Quintana se habían robado a los niños.

¡Esos monstruos!

—¡Devuélveme a mis hijos! ¡No necesito unas disculpas! ¡Solo quiero a mis bebés a salvo!

Iván: —¡Lo siento! Mi papá perdió el juicio. Pidió prestada una camioneta de transporte de cerdos a un primo. Esta mañana se llevó a los niños para mandarlos con la familia de Leandro, pero... hubo un accidente en el camino. Sebastián y Ana... se escaparon.

Un pequeño hospital a 170 kilómetros de distancia había llamado, informando que el señor Quintana tenía una herida en la cabeza y necesitaba que su familia pagara las cuentas médicas.

El señor Quintana, acostado en el hospital, tampoco sabía a dónde habían ido los niños.

Sofía se sacudió los copos de nieve de las pestañas, abrazándose a sí misma mientras temblaba.

En un día tan frío, con los niños tan pequeños, deambulando solos afuera...

Iván preguntó en tono lúgubre: —Sofi, por nuestro amor del pasado, ¿perdonarás a mis padres?

Sus padres tenían cincuenta y tantos años; ir a la cárcel estaba descartado.

Si Sofía lo amaba, también debería amar a sus padres.

Los niños escaparon y en realidad no fueron enviados con Leandro.

Como Sofía no había sufrido ninguna pérdida real, perdonarlos pondría fin al asunto.

Sofía soltó una carcajada de incredulidad: —En un momento como este, lo único en lo que puedes pensar es en tus padres.

Iván: —Pienso en ti, tú eres lo más importante. Pero somos familia, y las familias necesitan ser indulgentes y comprensivas...

—¡Iván Quintana! ¡Si algo les pasa a mis hijos, destruiré a toda tu familia!

Cortándolo, ella se apresuró a volver a la tormenta de nieve.

Empapada y congelada, agarró a Samuel que seguía dormido como un tronco.

¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf!

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