¡La mujer se largó!
Embarazada de tres meses y con una enorme maleta a cuestas, desapareció a la una de la mañana.
A Iván y a la Señora Quintana ni siquiera les importó.
Iván soltó una carcajada amarga.
—Déjala ir. No pasará ni un mes antes de que regrese llorando y suplicándome que la mantenga.
La Señora Quintana asintió.
—Sí, pero es una verdadera lástima perder los recursos de su familia. Cuando abriste el negocio, te ayudaron con dos apartamentos, y si se hubiera quedado, su familia podría habernos dado 2 millones cada mes para pagar nuestras deudas.
Iván volteó a verla, mirándola como si le faltara un tornillo.
Su madre aún creía que Selina venía de una familia podrida en dinero.
—Mamá, te lo voy a decir sin rodeos. La familia de Selina es de la clase más trabajadora que existe; sus padres han sido vendedores de verduras en el mercado durante más de 30 años. Haber podido pagarle la escuela de medicina ya fue su mayor hazaña. Su hermano menor ni siquiera terminó la secundaria. Se metió a una escuela técnica y en tres años ya ha tenido más de diez novias. Con apenas 21 años, embarazó a una y la familia de la chica lo está obligando a casarse y le exigen que tenga una casa propia...
Los ojos de la Señora Quintana casi se salen de sus órbitas y lo interrumpió a gritos:
—¿O sea que tú fuiste quien le compró la casa a ese vago de su hermano?
Iván asintió, agachando la cabeza.
—¡Eres un imbécil! —La Señora Quintana empezó a saltar de pura rabia—. ¡Deberías morirte!
¡Plaf, plaf, plaf!
Empezó a darle manotazos en la espalda con todas sus fuerzas.
—Yo, Doña Martina, que me he pasado la vida siendo buena gente, ¿cómo pude haber criado a alguien tan tonto?
—Esa tipeja de Selina no le llega ni a los talones a Sofía en belleza. Es una inútil, no sabe hacer nada, pero ah, cómo le gusta comer en lugares finos y usar ropa de marca. ¿Qué le viste?
Iván, acobardado, respondió:
—Ella me sedujo. Me dejé enredar por sus encantos y solo quería pasar el rato.
¿Pasar el rato?
—¡Es una ofrecida! Ella fue la que se te echó encima. Si solo querías jugar un rato, a ella le encantaba la idea. ¿Por qué le diste dinero? ¡Dime! ¿Para qué desperdiciaste tanto dinero en ella?
Estaba que se moría de furia.
La Señora Quintana se dejó caer pesadamente en el sofá.
Entonces se puso a pensar.

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