—¡Wow! ¡Qué niños tan preciosos! El niño es idéntico a su papá y la niña heredó la belleza de su mamá —exclamó la señora Solis, radiante de alegría, mientras le acariciaba suavemente los rizos a Ana.
En el mundo de los millonarios no era raro que los hombres mantuvieran sus matrimonios en secreto, así que no les sorprendió descubrir que Lorenzo tuviera esposa y dos hijos.
—Nos retiramos, vamos a subir —dijo Lorenzo con educación—. Tenemos una cena familiar esta noche.
—Claro, claro. Por favor, dale mis saludos a tus abuelos, a tus padres y a tus tíos —respondió el señor Solis.
Lorenzo dirigió su mirada hacia Adán y luego, de soslayo, observó al señor y la señora Molina.
—Señor Solis, nuestras familias siempre se han respetado y apoyado mutuamente. Por consideración a usted, esta noche pasaré por alto la falta de respeto de la familia Molina hacia la doctora Valdivia. Sin embargo, espero que imponga disciplina en su familia. Si llega a haber una próxima vez, no seré tan benevolente.
—Entendido. Doctora Valdivia, lamento los inconvenientes de esta noche, espero que pueda disculparnos.
El rostro del señor Solis volvió a oscurecerse, lanzando una mirada glacial a los tres miembros de la familia Molina.
Observaron cómo Sofía se alejaba, apoyada en Lorenzo, riendo y bromeando con sus adorables hijos...
Los tres Molina estaban a punto de reventar de ira.
Ya sentados en su reservado, Adán volvió a quejarse con el señor Solis.
—Papá, lo de hace un rato... no me dio ni una pizca de respeto.
—¿Y qué derecho tienes tú para exigirme respeto? —rugió el señor Solis, golpeando la mesa con fuerza.
El señor Molina, que había estado callado hasta entonces, se puso de pie rápidamente para ofrecer una disculpa.
—¡Mis más sinceras disculpas, consuegro! Esta vez fue culpa nuestra. Nuestra familia los arrastró a este desastre y les causó pérdidas enormes.
De hecho, la cena de esa noche había sido organizada por el señor Molina. Había sacado a su esposa convaleciente del hospital para atender a la familia Solis y disculparse en persona.
En las últimas dos semanas, la familia Solis había perdido cinco contratos importantísimos de manera consecutiva.
Todos eran proyectos en colaboración con el gobierno.
Al principio, los contactos internos les habían asegurado que ganarían las licitaciones, y habían esperado con tranquilidad. Pero al momento de los anuncios oficiales, todos los proyectos fueron adjudicados a sus rivales.
Las pérdidas se calculaban a groso modo en más de diez mil millones.
El señor Solis había investigado y descubierto que el responsable era nada menos que el Comandante Supremo de la Zona Militar Sur, Vicente Vargas.
Resulta que Vicente Vargas tenía una hija llamada Viviana Vargas... la exesposa de Adán.
—Antes de que se casaran, ustedes me juraron que Adán estaba divorciado y me vendieron el cuento de que su exesposa era una desquiciada, huérfana, mal educada, y que lo había engañado con su entrenador del gimnasio antes de largarse armando un escándalo —bramó el señor Solis con el rostro ensombrecido.

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