La chica de rostro redondo abrió mucho los ojos, sorprendida. «¿Tres lotes de cien mil unidades? ¡Es imposible que se terminen!»
«No importa, mandaré unos camiones para llevarlos a mi pueblo. Ya casi es Navidad, así que los incluiré en las canastas de regalos para la gente. En el campo es muy difícil conseguir atención médica, así que tener buenas medicinas a la mano para cuando se lastimen será una gran bendición para ellos».
«¡Wow! ¡Enriqueta, qué buen corazón tienes!»
«Tampoco es para tanto, solo quiero apoyar a Isabel Molina con acciones reales. Es una mujer increíble».
«Me parece una idea fantástica. Yo también te ayudaré, enviaré a un par de camarógrafos para que nos acompañen y hagan un reportaje. Así ayudaremos a darle más publicidad a nuestra querida Isabel y a Selina Huerta».
Sofía Valdivia escuchaba en silencio.
Ese no era el momento adecuado para intervenir.
«Sigan platicando, yo me retiro», dijo Sofía, tomando del brazo a Susana Yáñez.
Susana había estado escuchando con el ceño fruncido, pero al ver que Sofía no decía nada, entendió que primero necesitaban comprender toda la situación, así que se mantuvo a su lado, guardando la compostura.
La mujer del vestido elegante suspiró.
«Qué lástima, Doctora Valdivia. Siempre pensé maravillas de usted, considerándola una experta en medicina natural inigualable. Pero por lo que veo hoy, me temo que aunque su técnica es impecable, su suerte es pésima».
La chica de rostro redondo volvió a mencionar a la otra doctora. «¡Es verdad! Solo miren a la doctora Selina Huerta. Se agarró de la fama de Iván, despegó por completo y en media hora de transmisión en vivo ganó más de quinientos mil seguidores. ¡Es un éxito total!».
La mujer del vestido elegante asintió. «Las estrellas de televisión están a otro nivel. Con Isabel Molina protegiendo a Selina, está claro que su destino y su suerte son mucho mejores que los de la Doctora Valdivia».
«¡Ay! Bueno, Doctora Valdivia, le deseo mucha suerte. ¡Chao!»
Sofía las miró por un segundo. «Cuídense mucho».
Apenas se alejaron de esas dos mujeres adineradas junto a Susana, las puertas del ascensor a su derecha se abrieron.
Una intensa ola de perfume inundó el aire.
Del interior salió un grupo de damas de la alta sociedad, cubiertas de joyas y luciendo sumamente elegantes.
«¡Oh! ¿Señora Susana? ¡Jaja! ¡Qué gusto verla!».

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA