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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 515

Toc, toc, toc...

Se escuchó un ruido afuera del salón privado.

Isabel Molina y Yanina Solis cruzaron miradas.

—¿Llegó tu esposo?

—Seguro que sí.

Yanina apoyó los cubiertos en su barbilla y se quejó: —Adán es un inútil irredimible. Ahora que la empresa de Isabel está al borde de la quiebra, en lugar de intentar buscar una solución, se desentiende de todo y se va de fiesta todos los días...

Hubo más ruido en la entrada, pero nadie pasó.

Isabel se levantó para ir a revisar.

Al abrir la puerta, se encontró a Sofía Valdivia, de espaldas a su salón, sosteniendo a sus dos hijos.

La pulsera de Ana se había roto, esparciendo pequeñas cuentas rosadas por toda la alfombra; ambos hermanos estaban agachados recogiendo las bolitas.

Ambos llevaban zapatitos negros de charol, lo que había producido el sonido.

—¿Quién es? —preguntó Yanina, acercándose y apoyando el mentón en el hombro de Isabel.

Cuando vio la escena, la comisura de sus labios se curvó en una fría sonrisa de desdén—. Esa mujerzuela amargada. Pobre basura infeliz.

¡Bam!

Agarró a Isabel por el hombro, la empujó hacia atrás y cerró la puerta de un portazo.

Yanina resopló indignada: —Parece que a donde sea que vayas tú o Leandro, esa amargada tiene que meter sus narices.

Isabel suspiró: —Sí, y justo porque siempre anda detrás de Leandro como un fantasma resentido, terminé creyendo que aún sentía algo por él. Me aterraba la idea de que intentara usar a sus hijos para robarme a mi hombre.

Yanina bufó: —¡Já! ¿Ella? Esa gata no te llega ni a los talones.

Isabel era la heredera de la familia Molina en Ciudad del Mar, dueña de un estatus intocable y un historial impecable.

Sofía, por otro lado, era un parásito insignificante que se adhería a los zapatos de quien se cruzara en su camino. Primero se enganchó a Leandro, quien la terminó botando asqueado, y ahora se había pegado a los de Lorenzo Lira.

En resumen: una mujerzuela sin valor.

Además, Yanina acarició suavemente el vientre de Isabel.

—Fíjate, bastó con que pasaras una noche con Leandro para quedar embarazada.

La fama de que Isabel tenía suerte no era un mito.

Sofía había sido la pareja de Leandro durante tres años y se habían acostado un montón de veces, pero su vientre nunca había retenido ni una semilla.

Eso demostraba lo inmensa que era la buena fortuna de Isabel.

Ella era una princesa bendecida desde la cuna, mientras que Sofía era un caso perdido.

Yanina abrazó a Isabel. —Isa, Sofía no tiene nada que hacer contra ti. Acuérdate de antes: cuando eras una simple trabajadora en el departamento de logística, Leandro gastó millones para lanzarte a la fama. Gracias a su ayuda, te convertiste en la Reina de los Realities, conocida por todos.

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