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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 519

Era una mañana asolada por vientos helados y ráfagas de nieve.

Iván Quintana abrió las puertas de la Clínica Serenidad para recibir pacientes.

Con su familia destruida y dispersa, se encontraba sin un centavo. Si no empezaba a buscarse el sustento, terminaría muriendo de hambre en medio de ese crudo invierno.

Desde que Sofía Valdivia se marchó, el negocio de la clínica se desplomó drásticamente.

De la recepcionista original, el farmacéutico, la cajera, las enfermeras, los cirujanos y asistentes médicos... una parte ya había sido despedida antes del incidente con la empresa de Isabel Molina.

Después de que la empresa fracasara estrepitosamente, también se deshizo del personal restante.

Ahora, él era el único que quedaba en el lugar.

Estaba sentado en silencio dentro de su consultorio principal, esperando que algún paciente entrara.

De repente, una sombra oscura se asomó por el rabillo del ojo.

—Adelante —dijo Iván, haciendo clic un par de veces en su mouse.

—¿Qué le duele? —se giró para ver al paciente que había esperado tanto tiempo.

Sería su primer ingreso del día.

Al menos, cuando terminara con la consulta, tendría suficiente para pagar los gastos de ese día.

Pero entonces...

Se llevó un sobresalto.

—¿Leandro Corona? —Iván miró al imponente hombre que llevaba unos anteojos de marco dorado.

Sabía que Leandro se había lesionado los ojos en un accidente de auto y había quedado temporalmente ciego.

Pero la Clínica Serenidad no era un lugar para tratar problemas de córnea.

De inmediato, pensó en las fórmulas "defectuosas" que le había entregado a Isabel, haciéndolas pasar por recetas secretas. Eso había llevado a la empresa al fracaso, provocando pérdidas millonarias y destrozando la reputación de Isabel. Leandro había venido a ajustar cuentas.

—¿Qué quieres? —Iván se puso de pie.

Retrocedió de forma instintiva.

Leandro cerró la puerta y le puso el seguro.

Llevaba unos documentos en la mano, los abrió, fue directamente a la última página y la arrojó sobre el escritorio.

—¡Tú! ¡Exijo una explicación! —Leandro, con su silueta oscura bloqueando la luz de la puerta, lucía aterrador.

Iván quedó atrapado bajo su sombra.

Se ajustó las gafas, lleno de pánico.

¿Acaso el departamento legal de la empresa había encontrado alguna brecha legal para demandarlo?

Bajó la mirada hacia los documentos con temor.

— "Se confirma que el Sujeto número 1, Leandro Corona, es el padre biológico del Sujeto número 2, Ana".

Fue una falsa alarma.

Era un asunto personal.

Así que, al final, Leandro lo había descubierto.

A pesar de que Sofía había sido sumamente cuidadosa ocultando a los niños en Rosarito durante tres años, Leandro los había encontrado.

Iván, por el contrario, se relajó.

El hecho de que Leandro fuera el padre de Sebastián y Ana había sido un secreto que lo había atormentado durante tres largos años.

Lo sabía mejor que nadie.

—¿Y tienes el permiso de Sofí para hacer estas cosas? —Iván enfrentó la mirada de Leandro.

—No lo hice en contra de su voluntad —dijo Leandro—. Fue Isabel Molina quien sobornó a una profesora para conseguir el cabello y usó mi sangre sin que yo lo supiera para hacer la prueba.

Habló con firmeza.

Iván no se detuvo a cuestionar la veracidad de esas palabras.

Solo levantó la voz y lo cuestionó:

—Bien, ya lo sabes. ¿Y ahora qué? ¿Planeas pelearle la custodia de los niños a Sofí? ¿Te vas a arrodillar para pedirle perdón? ¿Vas a causarle problemas, a destruir su felicidad y a iniciar una guerra contra Lorenzo Lira?

El pecho de Leandro subía y bajaba con agitación.

Era evidente que estaba lleno de emociones a punto de estallar.

—Lo que yo decida hacer es problema mío. Hoy vine a preguntarte... Sofía estuvo en tu clínica durante tres años. Su embarazo, dar a luz... Es mucho tiempo. Ella sufrió lo peor que puede sufrir una mujer. Tú la veías todos los días, ¿tú sabías la verdad, no es así?

El ambiente se sentía congelado y opresivo.

Iván giró el rostro hacia un lado.

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