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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 518

Alberto fue expulsado de la residencia de los Corona en Ciudad del Mar.

Y eso no fue todo.

Leandro montó un altar conmemorativo para Sofía, obsesionado revisando una y otra vez aquella vieja maleta arruinada.

Cristina Montero vivió en un estado constante de terror y le ordenó a Alberto que tomara a su familia y se perdieran en la nada.

Eso obligó a su hijo Ignacio a abandonar su próspero negocio.

Ofelia fue forzada a abandonar la prestigiosa primaria en la ciudad a la que tanto le costó entrar.

Sin embargo, aquello solo fue el principio de su tortuosa fuga.

A lo largo de todos estos años, Leandro pasaba cada día encerrado en el santuario llorándole a la muerta, con la maleta a un lado. Y en cuanto Cristina sospechaba algo, le enviaba un mensaje a Alberto y la familia se veía forzada a escapar nuevamente.

Hasta la fecha, habían tenido que cambiar de refugio en más de diez ocasiones.

La última vez, cuando se enteraron de que Sofía en realidad seguía viva y que estaba de visita en Ciudad del Mar, obligaron a la esposa de Ignacio a abandonar el hospital un día después de habérsele practicado una cesárea de emergencia; la pobre mujer lloró amargamente del dolor.

La vida de Ignacio y el futuro de Ofelia ya se habían sacrificado lo suficiente.

Si los obligaran a moverse una vez más...

Era el gélido invierno. El segundo bebé apenas tenía tres meses y, encima, estaba ardiendo de fiebre.

Cristina miró a Margarita Villarreal y se disculpó: —Lo siento, me gustaría charlar con Alberto a solas.

Margarita se dio la vuelta y se alejó llevando a su nieto a la espalda.

Entonces, Alberto preguntó: —¿Cómo se encuentra Isa?

Cristina, eligiendo contarle solo las cosas buenas, le contestó: —Está embarazada, tiene alrededor de mes y medio. Son gemelos; hasta ahora no ha padecido náuseas y puede comer y descansar estupendamente.

A medida que conversaba, el recuerdo de Leandro volvió a su mente.

Y sus labios formaron una sonrisa.

—Leandro la ama con locura, la adora y la trata como a una reina.

Saber que su hija contaba con el amor y el apoyo de un buen hombre la llenaba de paz.

Alberto, mirándola, le preguntó: —Últimamente he estado muy al pendiente de las noticias del sector médico... y de la empresa de Isa... ¿No hay nadie que pueda ayudarla a encontrar una solución para salir de la crisis?

El barato foco desnudo iluminaba la estancia con una luz débil y penumbrosa.

Las sombras sobre el rostro de Alberto delineaban el paso cruel de los años sobre su piel.

Cristina tragó con dificultad. —No hay forma de salir... la Farmacéutica Cumbre la aplastó sin piedad.

Esa empresa pertenecía al Grupo Lira en Rosarito.

Y los Lira eran la familia más adinerada, cuyo poder e influencia no conocían límites en todo el país.

Incluso si Leandro Corona no se hubiera quedado medio ciego, la familia Corona jamás podría competir con el aplastante dominio de los Lira en la capital.

Alberto suspiró.

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