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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 526

(Continuación del capítulo anterior)

Leandro sentía que se partía en pedazos.

Un dolor atroz lo consumía.

Desbordado por la rabia, Leandro le gritó a la pantalla: —¡Desalmados! ¡Son unos monstruos chupasangre!

—Sofía estaba embarazada de cuatrillizos, su cuerpo no aguantaba el peso. Los bebés estaban en peligro y ustedes no le ofrecieron el más mínimo consuelo. Toda la familia solo estaba preocupada por el tiempo que perdería al ir al hospital a sacarse a sus hijos muertos, ¡porque no iba a poder generarles dinero!

—¡Incluso se alegraron de que sus bebés fallecieran! Calculando lo mucho que iban a ahorrar y cómo todas las ganancias irían a parar a sus bolsillos...

No pudo terminar, la Señora Quintana pegó un grito, incapaz de tolerar siquiera una crítica.

Su rostro envejecido, pálido de coraje, se acercó a la cámara y devolvió el golpe.

—¡Es muy fácil hablar cuando no es tu problema! Abres la boca y dices lo que te da la gana.

—Sofía falta un día y la clínica pierde al menos diez mil.

—Va al hospital a sacarse a los bebés muertos y la cuarentena le va a durar como quince días, ¿verdad?

—Quince días a diez mil por día. Saca la cuenta, ¿sabes cuánto dinero perderíamos?

—Cuando mi hijo se la trajo a la ciudad apenas llevábamos unos meses. Vivíamos en un departamentito viejo y destartalado. El patio estaba lleno de viejos entrometidos sin nada mejor que hacer, chismeando sobre la vida ajena de principio a fin.

—Y Sofía con esa enorme barriga.

—Bajaba las escaleras y le preguntaban por qué el papá de los bebés no estaba con ella.

—Volvía, y le preguntaban por qué el papá no la acompañaba.

—Los vecinos abrían la puerta y lo primero que hacían era verle la panza para preguntarle cuándo vendrían sus papás a ver a los nietos.

—¡La saliva de la gente te puede ahogar en críticas!

—Mi familia le exigió trabajar para ganar dinero y poder comprar una villa, ¡una casa grande e independiente! ¿Acaso no fue para proteger su privacidad y darle un poco de dignidad?

La Señora Quintana estaba roja de la furia.

Respiraba pesadamente, sin darle oportunidad a Leandro de responder.

—Y hablemos de los niños. Sofía esperaba cuatro, ¡cuatro! ¡Eran cuatro!

—¿Tienes idea de cuánto cuesta una lata de fórmula? ¿Sabes cuántos pañales usa un bebé al día?

—Mantener a un bebé cuesta al menos dos mil al mes, cuatro serían ocho mil.

—Y eso solo para las necesidades básicas, para que no mueran de hambre.

—¡Además, para cuatro niños necesitábamos niñeras!

—Mi marido y yo, incluso si no durmiéramos jamás, solo podríamos cuidar a dos.

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