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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 839

Josefina sobrellevó en silencio la profunda soledad y la carga aplastante de criar a sus hijas sola.

Viéndolo en retrospectiva, Patricio seguramente estaba cuidando a Cecilia durante su recuperación postparto.

Esa mujerzuela era experta en envolver hombres, y Patricio debía de haber estado derretido de amor por ella.

Mientras Josefina vivía prácticamente esclavizada en la casa, asumiendo la carga de criar a la hija de ambas, ellos dos disfrutaban de un escandaloso romance a escondidas, pisoteando sin piedad la dignidad de su esposa.

Había sido engañada durante más de dos décadas, dedicando cada onza de su ser para criar a Lilia.

Y ahora, en un giro cruel del destino, la obligaban a salir de la mansión de los Salinas para dejarle el camino libre a Cecilia.

Traicionada en su juventud y desechada en su vejez. ¡Su vida entera había sido una condena inmerecida!

A la señora Amalia se le escaparon las lágrimas al pensar en tamaña injusticia.

Doña Salinas soltó un suspiro de impaciencia.

—Mírate nomás. Lilia necesita que alguien la salve de inmediato. Cecilia tiene la capacidad para idear un plan.

La señora Amalia asintió lentamente.

—Esa mujer... hay que admitir que es astuta y tiene muchos recursos. Es, sin duda, más útil que la que tenemos en casa.

Era una verdad innegable. Todos los que conocían a Cecilia Mireles acababan rindiéndose ante sus múltiples talentos.

Doña Salinas volvió a suspirar con pesadez.

—Además, necesito tenerla bajo vigilancia.

Después de haber sido engañada por Cecilia en el pasado, ¿qué garantizaba que no fuera otra trampa? Era indispensable tenerla vigilada de cerca para evitar cualquier maniobra oscura.

La señora Amalia seguía sintiéndose inquieta.

—¿Pero qué pasará cuando Josefina descubra que la verdadera madre de Lilia entró a la casa?

Doña Salinas restó importancia a su preocupación con un gesto desdeñoso.

—Josefina es una cobarde inútil. ¿Y qué si se entera? ¿Qué se supone que hará al respecto?

Y tenía razón. Si Josefina hubiera tenido un ápice de determinación y carácter durante todos estos años, jamás habría permitido que Patricio y Cecilia le vieran la cara de tonta.

Era una mujer sin iniciativa. Cuando la herían, lo único que sabía hacer era llorar en un rincón y tragarse su amargura. Al día siguiente, retomaba su monótona rutina como si nada hubiera ocurrido.

Justo cuando la señora Amalia fue a buscar a Josefina, doña Salinas recibió en su celular dos videos enviados por Benjamín.

Al ver entrar a Josefina, la matriarca la regañó con severidad:

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