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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 558

Al ver alejarse a madre e hija en esa tierna escena, Sofía bajó la mirada en silencio.

Acomodó su maletín médico y decidió irse.

Se dirigió hacia la puerta número 2, cerca de la pista de baile.

Algunos de los invitados que habían llegado temprano ya estaban animando el ambiente.

La música era sofisticada, las luces resplandecientes, y los jóvenes de alta sociedad destilaban elegancia pura.

Quienes lideraban la pista no eran otros que Lilia Salinas y el joven Gael Guerrero.

El largo cabello de Lilia flotaba en el aire; parecía una estrella que había descendido a la tierra, desbordando gracia y luz en cada paso.

Su resplandor iluminaba el rostro de su pareja, y el joven Gael lucía encantador y galante.

Junto a la pista de baile se extendía una inmensa barra de bebidas, cubierta con manteles bordados, donde botellas de licores exquisitos reflejaban destellos hipnóticos bajo las luces cambiantes.

El brillo resaltaba los postres, que parecían auténticas obras de arte. La perfección de los pasteles se complementaba con las rosas blancas que adornaban los bordes, creando una escena digna de una fantasía.

Las madres y abuelas, adornadas con joyas preciosas, estaban sentadas en los elegantes sofás o de pie junto a la barra con una copa en la mano, charlando animadamente mientras observaban a sus hijos brillar en la pista.

"Lilia realmente es una princesa criada entre algodones. La han cuidado tanto que no tiene ni una sola imperfección".

"Sin duda, todo el mundo sabe que ella es la consentida de su familia".

"Me acuerdo de cuando Lilia tomaba clases de natación de niña. Una vez tragó un poco de agua, y su hermano Silas golpeó al instructor hasta dejarlo en el suelo, mientras que el mayor trajo un mazo para destrozar la piscina".

"¡Sí, sí, yo también lo recuerdo! Desde ese día, Clara siempre la acompañaba cuando se metía al agua. Cuando mi hija invitaba a Clara a salir, siempre tenía que asegurarse de que no interfiriera con las clases de natación de Lilia".

La Señora Salinas observaba a su hija bailar bajo los reflectores con una sonrisa desbordante de amor.

"Qué le vamos a hacer. Lilia es la menor, toda la familia siente la necesidad de consentirla y protegerla".

Alguien más intervino: "Hay muchas herederas consentidas, pero ninguna familia se vuelca tanto en proteger a un hijo como la suya".

El rostro de la Señora Salinas brilló con aún más orgullo y su sonrisa se ensanchó.

"Es verdad. Jamás hemos permitido que Lilia sufra la más mínima molestia. Ya tiene veinticuatro años, pero sus hermanos todavía la cuidan como si tuviera cuatro. Si alguien la hace enojar, no dura ni una hora tranquilo. Sus hermanos no perdonan ninguna ofensa contra ella".

Qué afortunada era esa princesita.

Sofía, parada silenciosamente fuera del círculo, sintió que sus pies se volvían pesados.

Doña Beatriz se acercó a lanzar su oferta. "Señora Salinas, deberíamos formalizar una alianza. Mi hijo adora a su pequeña princesa".

Guadalupe Garcés se apresuró a apoyarse en el hombro de la Señora Salinas.

"Yo también quiero proponer un compromiso en nombre de mi Gael. Él la ha estado cortejando durante dos años".

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