¡Mua! La mujer volvió a besarlo.
Esta vez, los intensos labios rojos picotearon la comisura de los labios de Hernán Salinas.
El labial se corrió un poco. Mónica Valente, con sus uñas esculpidas que parecían garras extravagantes, acarició los labios de él, frotándolos de lado a lado con coquetería.
Hernán, sin embargo, mantenía la mirada fija en Karina Vega.
¿Estaría celosa?
¿Se le estaría rompiendo el corazón?
¿No iba a soportar la provocación y correría a reclamarlo como suyo?
Sin embargo, el rostro de Karina permaneció inexpresivo.
Se levantó tranquilamente para ayudar a Francisco Rivas. Mientras Francisco servía el guisado para todos, ella se encargaba de repartir los pequeños cuencos con salsa y limón.
La mirada de Hernán chocó contra un muro de hielo y, abatido, apartó los ojos.
Sofía Valdivia no sabía qué decir.
Ambas partes eran personas importantes para ella. Verlos así le causaba ansiedad, pero el enorme agujero en su relación no era algo que ella pudiera reparar.
Lo pensó durante un buen rato.
Aprovechando que Hernán se levantaba para ir al baño, lo siguió en silencio.
—Hernán, de verdad quieres recuperar a Kari, ¿cierto?
El carácter dulce y manejable de Karina, sumado a su forma amable de tratar a todos, era el complemento perfecto para el frío, arrogante y asocial Hernán Salinas. Además, Karina era dueña de un encanto irresistible; era el tipo de belleza tierna y radiante que cualquier hombre adoraría proteger.
Hernán soltó una risa sarcástica. —¿Acaso me faltan mujeres?
Sofía lanzó una mirada hacia la voluptuosa mujer que lo acompañaba en la mesa.
—Por supuesto que no te faltan.
Pero actuaba tan mal que su propia desesperación lo delataba.
—Kari vivió contigo más de dos años. Fue tierna, atenta, te cuidó como si fueras su propia vida, y los hechos demostraron que ustedes hacían una pareja feliz y armoniosa. Si de verdad la quieres, solo tienes que hablarle con el corazón. Conociéndola, si eres un poco más dulce y sincero, ella no podrá resistirse.
Si él tan solo fuera tan genuino como Samuel Solis...
Karina habría aceptado volver con él esa misma mañana.
Sofía suspiró para sus adentros.
Hernán se molestó de inmediato. —La he perseguido desde Rosarito hasta este rincón olvidado en la sierra. ¿Acaso eso no es intentar recuperarla?
Sofía recordó el bebé que Karina había perdido; el daño que él le había causado era devastador.
Por eso, intentó aconsejarle: —Hernán, tú lastimaste a Karina en lo más profundo...
Sus palabras fueron interrumpidas bruscamente.
—Estuvo conmigo dos años. Le cambié la vida, la saqué de la miseria y le di un nivel de vida de la alta sociedad. ¿A eso le llamas lastimarla?

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