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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 735

Aún hay margen para arreglar las cosas.

El reglamento establece claramente que, una vez cumplido el castigo de arrodillarse, si hay arrepentimiento, el infractor puede ponerse de pie.

Lorenzo le dedicó una mirada fría. —¿Qué se supone que debo decir?

El viejo mayordomo se arrodilló a su lado, apoyando una sola rodilla en el suelo, e intentó aconsejarlo con tono suplicante: —Déle una promesa a su padre. Dígale: Reconozco mis errores. Hoy mismo cortaré todo lazo con la doctora Valdivia, me alejaré de ella por completo y nunca más nos volveremos a ver.

—¡Eso jamás! —Lorenzo sacudió el hombro con fuerza, apartando la temblorosa mano del anciano que se había apoyado en él.

Luego, giró la mirada.

Observó fijamente a su padre, Ricardo Lira, y declaró sus intenciones con total firmeza.

—Desde el día que vi a Sofía por primera vez en la casa de mi abuela hasta que me di cuenta de que era la indicada, pasaron casi dos años.

—Todo ese tiempo me sirvió para analizar profundamente mis sentimientos. No me enamoré de ella a primera vista por mero deseo físico. Fue porque posee cualidades que me cautivaron.

—Al conocerla mejor, tuve la certeza de que es la mujer perfecta para compartir el resto de mi vida.

—Nuestras personalidades encajan a la perfección.

—Ella es amable, dulce, compasiva, sabe valorar lo que tiene y es agradecida. Yo también trato a las personas con respeto y sé controlar mi carácter.

—Nuestros principios son los mismos. Cuando tomamos decisiones, remamos hacia la misma dirección. Jamás nos desgastamos peleando por diferencias de opinión.

—Y, además, tenemos los mismos gustos...

¡¡Bang!!

Ricardo Lira estrelló su enorme puño contra la mesa. —Estás ansioso por recibir los azotes, ¿verdad?

—Así es. —Lorenzo enderezó aún más la espalda—. Adelante, cumplan el castigo.

—¡Guardias!

Tres guardaespaldas corpulentos, los hombres de mayor confianza de Ricardo, entraron trotando a la habitación en formación perfecta.

—¡Desplieguen el látigo!

—¡Sí, señor!

—¡Lleven el conteo del tiempo! Serán tres días completos. ¡No le perdonen ni un solo minuto!

—¡Sí, señor!

—Se turnarán en tres rondas. ¡Cada tres horas, recibirá cuatro azotes! ¡Ejecútenlo al pie de la letra!

—¡Sí, señor!

El líder de los guardaespaldas levantó la barbilla, sacó el pecho, adoptó una postura militar y realizó una leve inclinación de cabeza. Luego, con sus manos impecablemente cubiertas por guantes blancos, tomó el pesado rollo de cuero.

Lo desenrolló.

Y con un golpe seco, lo lanzó al aire.

Un largo arco negro cruzó el espacio, ondeando con una cola gruesa, como si fuera una serpiente oscura y escamosa que acabara de cobrar vida.

Capítulo 735 1

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