Habiendo llegado a este punto de la relación...
En realidad, ella ya confiaba plenamente en el amor que Lorenzo le profesaba.
El problema era que el destino siempre había sido cruel con ella; cada vez que creía tener algo valioso en sus manos, terminaba siéndole arrebatado.
Tantas tragedias y experiencias amargas habían dejado una cicatriz profunda en su alma. Bastaba con que alguien apareciera amenazando con arrebatarle su felicidad para que toda su seguridad comenzara a desmoronarse.
Tras recibir las palabras de aliento de Karina.
Sofía tomó fuerzas y condujo su auto bajo el cortante frío nocturno directamente hacia la mansión Lira.
Cuando el guardia de seguridad de la entrada la vio, esbozó una mueca forzada, desviando la mirada de inmediato.
Los empleados que transitaban por el jardín aceleraron el paso en cuanto la divisaron. Incluso un chef anciano con paso pesado salió huyendo de ella como alma que lleva el diablo.
La habían marcado.
Y su simple presencia aterrorizaba a todos.
Ella lo comprendió.
Su corazón, poco acostumbrado a la hostilidad, latía desbocado.
Pero recurrió a todas las defensas que los años de sufrimiento le habían forjado y se vistió con una coraza impenetrable.
Siguió caminando.
No miró hacia los lados.
No volteó a ver a nadie.
Ni tampoco persiguió las siluetas que huían de ella.
Sus manos, apretadas en puños, estaban ocultas bajo las mangas de su abrigo, donde disimuladamente frotaba las palmas sudorosas contra la tela.
—¿Abuela...? —Murmuró al detenerse frente a la puerta cerrada de la habitación de doña Lira. Tocó suavemente.
La puerta se abrió desde adentro.
Luciana Lugo asomó la cabeza.
Y rápidamente, interpuso la puerta entreabierta para hablarle.
—Doctora Valdivia, doña Lira sufrió un sobresalto y no se siente nada bien. Me pidió que le informara que esta noche solo quiere descansar y que no la recibirá. Lo lamento mucho.
Sofía no se dio por vencida. —Si la abuela no se siente bien, con mayor razón necesita atención médica. Permítame evaluarla.
—No es necesario, eh... Será mejor que... se retire por hoy.
Luciana era una empleada de extrema confianza, llevaba más de diez años al lado de doña Lira.
Sofía fue directa al grano: —Estoy muy preocupada por Lorenzo, necesito hablar con la abuela.
Luciana se rascó la nuca, visiblemente incómoda.
—Pues verá... doña Lira me dijo... dijo que esto no es asunto suyo. Quien rompió las reglas fue el joven Lorenzo, y es él quien debe asumir las consecuencias. No tiene por qué intervenir.
La cara de Luciana estaba completamente colorada por la tensión.
Parecía a punto de cavar un hoyo en el suelo para esconderse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...