—Por favor, señor millonario, saque el anillo de compromiso, que siga el espectáculo —suplicó la chica, acercándose de rodillas hacia él.
Leandro sonrió sin decir nada.
Había venido solo esa noche y el baúl de su auto apenas contenía sesenta y seis drones. Debido a esa limitación, apenas alcanzaban para formar las siluetas de él y Sofía en el cielo. Un espectáculo complejo que incluyera un anillo de compromiso requería al menos de doscientos drones.
Cambió la interfaz de su sistema operativo.
Un enorme corazón dorado brilló en el cielo, seguido por un mensaje que se desplegó: Cásate conmigo.
Cinco segundos después, los drones comenzaron a descender. Pequeñas esferas de luz cayeron, regresando ordenadamente a sus cajas.
—Qué romántico, algo inolvidable. Un verdadero hombre poderoso —comentó Conejita Rosa, a punto de levantarse, cuando de pronto vio que el cielo «florecía».
El firmamento se llenó de luces deslumbrantes. Un estallido luminoso iluminó el cielo y la tierra.
Tras haber visto el modesto despliegue de Leandro, la chica no pudo contener su asombro ante este nuevo impacto visual.
—¡Guau, guau! —gritó extasiada—. ¡Cuántos drones! Hay campos de lirios, rosas... ¡Es un espectáculo sin precedentes!
Su amiga también estaba boquiabierta.
—Deben ser más de quinientos drones, ese magnate sí que tiene poder para derrochar.
Las luces en el aire se movían con una precisión asombrosa. Un verdadero show luminoso comenzó; hubo explosiones que simulaban fuegos artificiales, y en el centro de una enorme flor brilló el nombre: SOFÍA.
Luego, unas luces rosadas como flores de cerezo se alinearon, formando un inmenso y claro mensaje: TE AMO.
La chica que seguía arrodillada miró por encima de su hombro hacia Leandro y rodó los ojos.
—Mira el de él, y luego mira el tuyo. Amigo, tu espectáculo da pena.
Fue como si un martillo pesado golpeara el corazón de Leandro.
Levantó la vista al cielo. Si mantenía la cabeza en alto, quizás las lágrimas no caerían, por mucho que le doliera.
En la noche, los drones simulaban una lluvia de estrellas fugaces con largas colas brillantes que dibujaban once corazones rojos.
En un parpadeo, la escena cambió a dos figuras animadas. La mujer tenía el cabello largo y una figura envidiable, mientras el hombre se arrodillaba ante ella. En la esquina superior izquierda, unas luces rojas formaron una caja que se abrió lentamente, liberando un inmenso anillo con un diamante brillante que voló por el cielo. En el aire apareció la delicada mano de la mujer, y el anillo se deslizó suavemente en su dedo.
Inmensas estrellas rojas y doradas comenzaron a destellar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...