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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 804

El callejón sin luz estaba encajonado entre dos hileras de casas humildes de un solo piso.

Los cables eléctricos formaban una maraña parecida a una telaraña desordenada, balanceándose con el viento.

La luz de la linterna del celular iluminaba el suelo, mostrando un camino de cemento antiquísimo, con grietas que se unían a charcos en los baches.

Sofía casi no tenía dónde apoyar los pies.

¡Clac!

Desde alguna ventana, alguien empujó las persianas con brusquedad.

Un pequeño punto rojo cayó volando.

Sofía retrajo rápidamente el pie con el que iba avanzando y se hizo a un lado. Frente a ella, en un charco de agua sucia, se escuchó un «psst» y la colilla apagada comenzó a flotar en círculos.

Ella soltó un jadeo.

—¿Por qué eligieron un lugar tan apartado para la cena? La abuela tiene más de ochenta años, ¿le resulta fácil llegar hasta aquí?

Clara le contestó con tono áspero y altanero:

—Ya te dije que te estoy llevando por un atajo para ahorrar tiempo.

Y enseguida le reprochó:

—¿Quién te mandó llegar tan tarde?

—Ya que sabes que la abuela es mayor, ¿por qué no llegaste más temprano?

Sofía estaba a punto de explicarle que ese día tenía un proyecto de investigación muy importante y no le era posible pedir permiso solo para ir a cenar.

De pronto.

¡Plaf, plaf, plaf!

A sus espaldas resonaron pasos rápidos, pesados y caóticos acercándose.

—¡Ahhh! —Clara pegó un salto a un lado y gritó aterrada—: ¡Un fantasma!

Se llevó las manos a la boca y su bolso blanco brilló en la oscuridad.

Sofía parpadeó por el destello y trató de calmarla.

—Son personas, no te asustes.

—¿Y si nos asaltan? —lloriqueó Clara aterrorizada, para luego salir corriendo a toda velocidad—. ¡Mi bolso de diamantes me costó más de tres millones!

Llevaba zapatos planos, por lo que corría con agilidad.

Antes de que Sofía llegara, ya había recorrido el callejón un par de veces, así que conocía bien el terreno.

Sofía se quedó atrás.

Los tacones de los zapatos elegantes que usaba para el trabajo se atascaron en una de las grietas del cemento roto, y perdió tiempo intentando zafarlos.

Tratar de huir a toda prisa, pisando sin cuidado, también era peligroso.

El callejón estaba lleno de registros del drenaje, y algunas de las tapas estaban inclinadas o mal cerradas.

Los pasos la perseguían de cerca. Sin dudarlo, Sofía apagó su celular, lo metió en el bolso y lo arrojó a unos matorrales secos. Luego dio un par de saltos en el lugar y aflojó las muñecas, preparándose para pelear.

Clara, que ya había corrido bastante lejos, escuchó los gritos de Sofía provenientes del fondo del callejón.

—¡Ahh!

—¡Les advierto que no me toquen!

—¡Largo de aquí...!

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