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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 810

Su grito fue atronador.

Leandro envolvió el zapato de cuero con su saco y lo frotó un par de veces hasta dejarlo completamente limpio.

Luego se puso de pie y preguntó, furioso:

—Por tener un hermano mayor, ¿Clara tiene tres piernas o qué? ¿Les parece un milagro?

Gael no supo qué responder.

Leandro clavó una mirada asesina en Benjamín y le reprochó:

—Clara tiene un hermano, pero ¿acaso Sofía no lo tiene?

—...

—Le hacen la vida imposible a Sofía porque se aprovechan de que «no tiene hermano». ¿Verdad que sí, Benjamín Salinas?

—Lo estás malinterpretando...

—¡Eres como un muerto! —Lo interrumpió Leandro, alzando la voz con una intensidad abrumadora—. ¡Benjamín, estás muerto en vida! ¿Acaso eres ciego para no ver lo que ocurre frente a tus propias narices?

Esas palabras fueron como una bomba.

Benjamín estalló de ira.

—Leandro, ¿acaso es de tu incumbencia meterte en mis asuntos?

Gael, el típico perrito faldero que buscaba un lugar en la familia Salinas, se posicionó rápidamente del lado de Benjamín.

—Leandro, sales de la nada a defender a la mujer que atacó a Clara. ¿Acaso perdiste el juicio como para ganarte a Benjamín de enemigo?

Je.

Leandro soltó una carcajada gélida.

—¿Y qué relación tienes tú con los Salinas? Te la pasas llamándolo hermano mayor, cuánto esfuerzo de tu parte.

Gael no se acobardó.

—Mis sentimientos por Lilia son honestos y sinceros.

Su amigo, el señor Galindo, se apresuró a secundarlo:

—Es solo cuestión de tiempo para que Gael y Lilia formalicen su compromiso. Como el futuro yerno de la familia Salinas, es obvio que estará del mismo lado que su hermano.

Leandro miró fijamente al señor Galindo.

—Si no mal recuerdo, hace un tiempo hiciste alarde de que ibas a mandar a pedir la mano de la hija de los Salinas. A ti te gusta Clara. Así que ustedes dos se mueren de ganas por convertirse en los cuñados de Benjamín Salinas, ¿me equivoco?

La mirada del señor Galindo titubeó.

Después de que Clara viera manchada su reputación, él había abandonado por completo la idea de casarse con ella.

Ese matrimonio arreglado había muerto antes de nacer.

Pero que Leandro se burlara de él en su cara le enfurecía.

Así que, endureciendo su expresión, el señor Galindo respondió:

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