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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 824

Con la cabeza a punto de estallar y ardiendo de furia, justo cuando estaba por lanzarse hacia adelante...

—¡Lilia! ¿Qué demonios estás haciendo? —bramó una voz ensordecedora como un trueno.

Lilia se congeló.

Al darle la espalda a Hernán Salinas, que había aparecido de la nada, apretó los dientes con fuerza.

¡Ese maldito rebelde!

Agresivo y malintencionado. ¡El único imbécil de toda la familia que no la consentía!

Antes, cuando Hernán andaba por la vida haciendo lo que le daba la gana, siendo un arrogante, ella lo veía como a un perro rabioso repudiado por la familia Salinas. Lo ignoraba y no le daba importancia.

Pero desde que Sofía había aparecido, Hernán la había regañado varias veces para defender a la otra.

Hernán se había puesto claramente del lado de Sofía.

¡Por eso lo odiaba!

Odiaba a ese perro rabioso, pero al mismo tiempo le aterraba que la mordiera.

Tragándose su rabia, Lilia cambió su expresión al instante. Se dio la vuelta con actitud dulce y sumisa, y esbozó una amplia sonrisa—. ¡Ah! ¡Hernán, ya regresaste!

Tenía que soportar al perro loco por ahora.

Su prioridad era saldar cuentas con Sofía, su enemiga jurada.

Antes de que Hernán pudiera atacarla con palabras, dio unos pasitos rápidos hacia él.

—Hernán, acabo de llegar de los ensayos en el canal de televisión. La niñera me dijo que nuestra hermana y su esposo vinieron a visitarnos con los bebés, así que vine a saludarlos.

—Pues... entonces entra de una vez. Yo me voy a dormir —dijo él.

Lilia huyó despavorida de la presencia de Hernán.

Por fin había dejado al perro rabioso atrás.

Pero el miedo aún la carcomía.

Sentía la mirada fulminante de Hernán clavada en su espalda, como si fuera a abalanzarse sobre ella en cualquier momento.

Temblando de miedo, se detuvo de nuevo, giró su cabecita y esbozó una sonrisa aduladora.

—Hernán, mañana voy a grabar para la gala de Fin de Año de la cadena de Rosarito. Ayer le di a la abuela las entradas VIP. Me encantaría que fueras a verme tocar.

—Ajá.

—Bueno, Hernán, este... eso era todo, me, me voy.

Tac, tac, tac...

Hernán resopló, expulsando humo por las narices como un toro enfurecido, y apretó los puños.

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