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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 630

Al ver frente a ella a ese hombre que jugaba al esposo devoto y perfecto, la percepción que Sofía tenía de Leandro Corona se volvió confusa.

A estas alturas, ya no podía distinguir si el hombre simplemente estaba loco, o si con los años se había convertido en un actor de primera categoría.

Mostraba caras completamente diferentes según el lugar donde estuviera.

A veces era un desquiciado, a veces un romántico empedernido, a veces oscuro y macabro... Un bicho raro de pies a cabeza.

—¡Ay, por Dios! Tanta miel me va a dar diabetes.

Clara Salinas, que estaba sentada junto a Isabel, la miraba con las mejillas sonrojadas de envidia y admiración.

De inmediato, el resto de las mujeres, que no le quitaban los ojos de encima a Leandro, se emocionaron y se unieron a los halagos.

—¡Isa, qué afortunada eres! Te juro que eres la mujer embarazada más consentida que he visto en toda mi vida.

—Isa sí que está bendecida, el Señor Corona la tiene en un pedestal. No como a mí, que estuve embarazada nueve meses y mi marido se la pasaba 'ocupado' con los negocios. ¡Ni siquiera le veía la sombra!

—Amiga, ¡no me digas eso!

—Es la pura verdad. Desde que me enteré que estaba embarazada hasta el día del parto, parecía madre soltera. A los chequeos médicos me tenía que acompañar la empleada.

—Uf... eso sí que es... deprimente.

—Ni te creas que es tan raro. Yo he sabido de casos peores: mujeres teniendo gemelos, sin esposo, sin un peso, retorciéndose de dolor solas en un hospital público.

Isabel chasqueó la lengua con desdén.

—Una mujer que tiene gemelos y a la que el marido ni siquiera voltea a ver... hay que ser verdaderamente miserable para llegar a eso.

Alguien miró a Leandro, intentando incluirlo en la charla.

—Señor Corona, opine algo. Usted que es el ejemplo a seguir.

Leandro sonrió levemente.

—¿Sobre qué quieren que opine?

—Denos la perspectiva del hombre perfecto.

Isabel intervino, bromeando:

—Leandro tiene los valores muy claros. Seguramente dirá que los hijos son el legado de un hombre y que deben ser su prioridad absoluta. Y si una mujer anda por ahí con una panza gigante de gemelos, yendo sola a parir porque el marido no la soporta... es porque esa mujer debió hacer algo asquerosamente ruin. Se habrá convertido en basura para él, en alguien digna de puro odio.

Todas las demás asintieron, dándole la razón.

—Totalmente. El odio no nace de la nada.

—Además, esa clase de mujeres se buscan su propia desgracia. Saben que son aborrecidas, pero ahí van, a parir de todas formas.

—¡Y para colmo, dos al mismo tiempo!

—Como dice la señora que trabaja en mi casa: 'entre más corriente la mujer, más fértil'. Se embarazan de a montones por cualquier tipo. Mientras que una mujer de buena familia sufre horrores para poder concebir uno.

Otra de las mujeres volvió a lanzarle una mirada coqueta a Leandro.

—¿Por qué tan callado, Señor Corona?

Clara se echó a reír con ganas.

—¡Ay, por favor! Es el marido perfecto, obvio que le va a dar la razón a Isa en todo.

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