—Cuando termine de destruir a tus últimos enemigos, anunciaré públicamente que estamos casados y tenemos hijos. Empezaremos de nuevo. Te prepararé una propuesta espectacular, una fiesta de compromiso y la boda del siglo.
Además, si Sofía estaba dispuesta después de casarse, él quería tener otro hijo.
Anhelaba tomar su mano y vivir juntos, desde el principio, la experiencia de concebir el fruto de su amor.
Quería tener la oportunidad de ser un buen padre y, al mismo tiempo, acompañarla desde el primer día en su camino hacia la maternidad, brindándole todo el amor y los cuidados que merecía.
Sin embargo, Leandro no se atrevió a decirle esto último.
Sofía no respondió.
Mantuvo la mirada baja, vendando sus heridas en un silencio sepulcral.
Leandro sacudió suavemente su brazo. —Sofía, di algo, por favor...
Afuera de la habitación, Benito Mancilla escuchaba todo. Se quitó el cigarrillo de la boca y una sonrisa de satisfacción asomó en sus labios.
El progreso era excelente.
La relación entre Leandro y Sofía por fin había roto el hielo y entraba en una nueva y prometedora etapa.
Tranquilo, Benito dio una gran zancada y salió.
Esa misma noche, escoltó personalmente al camión.
Junto con el chófer, se dirigió hacia las montañas para liberar a las ovejas.
Mientras Leandro enloquecía por amor, la familia Salinas también desataba su propia locura.
El lujoso auto de Benjamín Salinas entró por las puertas de la mansión Salinas. El viejo mayordomo se inclinó respetuosamente para recibirlo.
En cuanto Benjamín bajó, el mayordomo le informó con evidente angustia: —Joven Benjamín, la familia Miramontes ha devuelto todos los regalos de compromiso.
Su amada prometida había roto oficialmente con él.
Lo habían rechazado.
Sin embargo, Benjamín se mantuvo extrañamente sereno e inmutable. Levantó una ceja. —¿De verdad los devolvieron?
¿No habían dicho que Fabiola Miramontes lo amaba con locura? ¿No era él el partido perfecto para ella? ¿No dependía la modesta familia Miramontes del poder de los Salinas, haciendo imposible que renunciaran a un yerno tan influyente?
¿Por qué demonios habían devuelto los regalos?
El anciano mayordomo arrugó el rostro con aflicción. —Joven Benjamín, lo he cuidado por más de treinta años. ¿Cuándo le he mentido?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...