Tras terminar la revisión de su pierna lesionada, Josefina se apoyó en la pared y se deslizó lentamente hasta sentarse.
Todo lo que había sucedido hoy le desgarraba el corazón con solo recordarlo.
El doctor Valente llegó corriendo, respirando con dificultad y lleno de indignación. —Señora Josefina, ¿por qué la señorita Lilia reconoció a otra mujer como su madre?
Josefina recogió la receta médica de la dura silla.
Se puso de pie y forzó una sonrisa.
—Doctor Valente, le agradezco su preocupación, pero prefiero no hablar de asuntos familiares.
Al ver que estaba a punto de irse, el doctor Valente abrió los ojos como platos.
—¿Qué tiene de bueno esa nueva madre que reconoció la señorita Lilia? Es portadora de VIH. Lleva ocho años infectada y vive dependiendo de medicamentos para controlar la enfermedad.
Josefina se quedó de piedra.
Se apoyó en la pared para recuperar el aliento y volvió a sentarse. Descansó un largo rato antes de reunir fuerzas para ir a la farmacia.
Arrastraba su pierna lastimada, avanzando a paso de tortuga.
Al bajar por las escaleras eléctricas, daba pasitos lentos, moviéndose con suma dificultad.
Los murmullos a sus espaldas llegaron a sus oídos sin perder ni una sola palabra.
—¿Ya lo viste? Fuera de nuestra familia Salinas, no es más que una perra callejera.
—Hasta a un perro de la calle le tiran algo de comer por lástima, pero ella... podría morirse en este hospital y nadie le daría ni una mirada.
—Así es. Vivió de sus suegros por más de cuarenta años. Comió de nuestra mesa, usó nuestro dinero, y no sabe hacer absolutamente nada por sí misma. Da pena ajena.
—¡Hmph! Que sufra. Ya lo habíamos dicho. Cuando Lilia necesitaba a su verdadera madre, ella no aceptó a la tercera en discordia. Cuando su hijo necesitaba que alguien organizara su boda, ella no movió un dedo. Pues ojo por ojo. Ahora que está herida, adolorida y necesita que la cuiden, ¡ni su hijo ni su hija se preocuparán por ella!
—Exacto. Ella sembró tempestades, ahora que coseche huracanes. El karma no perdona.
Y, para rematar, esa misma voz añadió con tono presumido:
—La verdadera madre de nuestra Lilia es mucho mejor. Cecilia tiene un doble doctorado, es brillantísima, alegre y extrovertida. Toda la familia está encantada con ella.
—Ni que lo digas. Lilia fue muy inteligente al elegir quedarse con su verdadera madre...
Incapaz de seguir escuchando tantas bajezas, Josefina se detuvo y se dio la vuelta.
Doña Salinas, aferrada del brazo de su empleada de confianza, abrió los ojos de par en par.
—Ustedes... deberían tener un poco de decencia al hablar.
Doña Salinas soltó una carcajada sarcástica.
—¿No que tenías mucho orgullo? Armaste un escándalo para irte de la familia Salinas. Si tuviste el valor de hacerlo, ¿por qué no aguantas que digamos un par de verdades?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...