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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 142

Después de regresar a casa, Anaís compró una gran bolsa de pruebas de embarazo en la farmacia.

Usaría una todos los días.

Como toda su atención estaba enfocada en eso, olvidó por completo que había prometido ir a cenar a casa de Valentina el fin de semana.

No lo recordó hasta que Valentina la llamó.

Había mucho ruido al otro lado de la línea, parecía haber invitados en la casa.

Cuando Valentina notó que Anaís sonaba extraña, se disculpó con alguien y caminó rápidamente hacia un lugar tranquilo.

—Ani, ¿volvieron a tener problemas Federico y tú?

Anaís le contó lo que había pasado, pero omitió la parte en la que su plan había fallado y el señor Gutiérrez la había violado.

No quería contarle eso ni siquiera a su madre.

Valentina la reprendió de inmediato:

—¡Cómo puedes ser tan tonta! ¿Crees que un embarazo es poca cosa? Aún no te has casado con Federico. Además, ¿crees que es tan fácil quedar embarazada, que con una vez es suficiente?

—Calculé mis días de ovulación —dijo Anaís.

—Eso no sirve para nada —respondió Valentina—. Tu idea es buena, pero tener un hijo es cuestión de suerte. Si no funciona esta vez, ¿acaso podrás drogar a Federico de nuevo?

Anaís no dijo nada.

Después de colgar el teléfono, hundió la cabeza en sus brazos.

A su lado había una prueba de embarazo con una sola raya.

Anaís sabía que era muy difícil, pero no tenía otra opción.

Podía ver que Magdalena atraía a Federico cada vez más.

Si no actuaba ahora, sería demasiado tarde.

Las cosas ya se habían hecho una vez, incluso con otro hombre.

Anaís apretó su celular, mirando fijamente la tarjeta de presentación que le había dejado el señor Gutiérrez, y se quedó inmóvil por un largo tiempo.

Después de llegar a la provincia vecina, Magdalena se instaló en un hotel local.

Al mirar las marcas en su cuerpo, le dolió la cabeza.

Tendría que encontrar la manera de hablar con el equipo de la marca sobre el vestuario.

No podía ser demasiado revelador.

Mientras pensaba en eso, recibió una llamada de Kevin Lira.

—Lindura, escuché que estás de viaje de negocios en San Mateo. ¿Quieres que vayamos a comer?

Magdalena, con todos los problemas que tenía, realmente no estaba de humor.

Pero pronto, escuchó una voz aguda y alegre.

—Magdi, ven~~~ acompáñame de compras.

Ah, claro.

—¿Yo, parecido a ella? Lo mío es moda, lo de ella... jaja.

Celeste abrió mucho los ojos de forma exagerada:

—Escúchalo, cacareando como una gallina vieja. ¿Acaso también cacareas así cuando escuchas los informes financieros del Grupo?

Y concluyó diciendo:

—¡Qué maleducado!

Kevin sacudió la cabeza.

—Me río de ti. Tienes el cabello decolorado como una paleta de pintura y esos jeans no son más que agujeros de las rodillas para abajo, y aún así te atreves a compararte conmigo.

Magdalena sintió que toda su tristeza había sido barrida por ese par.

Y por fin entendió por qué Kevin tenía tanta destreza verbal.

Ese par de payasos discutieron desde el restaurante hasta el centro comercial.

Magdalena levantó las manos en señal de rendición.

—Bueno, bueno, no puedo ser el juez de sus peleas familiares, hagamos una tregua.

Caminaban justo cerca de la tienda de joyas de la que Magdalena era embajadora.

Magdalena los animó:

—Elijan algo, yo se los compro.

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