[¡No manches! ¿Vi mal? ¿El que acaba de entrar es el Director Lira?]
[Jaja, amiga, tienes vista de águila. ¡Sí es él! Qué detallista es el Director Lira. ¡Me muero de amor!]
[Ay, por favor, Kevin está usando la cuenta oficial verificada de Auge Media. ¡Qué vista de águila ni qué nada! Un ciego se daría cuenta. ¡Si hasta entró con animaciones de fuegos artificiales!]
[¿No es esto una forma descarada de presumir a su esposa?]
Mientras tanto, en la oficina del presidente del Grupo Orizon.
Federico Suárez había hecho lo impensable al reprogramar todas sus reuniones para la noche.
Un hombre conocido por ser implacable y decidido en los negocios, de forma inusual, estaba recostado en su gran silla de cuero revisando su celular.
Frente a él no había montañas de documentos ni reportes financieros.
Tenía el celular, la tablet y su monitor de treinta y dos pulgadas encendidos.
En todas las pantallas se reproducía la transmisión de la alfombra roja de Magdalena.
El Secretario Yáñez estaba a un lado, mirando fijamente a la pared y pensando que aquello era el colmo de lo absurdo.
¿Quién iba a imaginar que el gran presidente Suárez, capaz de alterar la bolsa de valores con un solo estornudo, estaba completando tareas de fanático una por una?
Haciendo check-in, dando me gusta, comentando y compartiendo para subir de nivel su cuenta sin parar.
Yáñez espió de reojo la cuenta de nivel quince con verificación oficial y sintió tantas ganas de reírse de la pena ajena.
Pero si solo fuera eso, pasaría.
Para su sorpresa, minutos después de entrar a la transmisión, Federico empezó a mandar regalos virtuales.
Justo cuando todos los fans estaban suspirando por la pareja de Magdalena y Kevin.
Apareció un usuario anónimo.
Empezó a lanzar cohetes, yates y autos deportivos virtuales sin detenerse, la pantalla se llenaba tan rápido que era imposible leer los comentarios.
Los seguidores de Magdalena no podían creer lo que veían.
[¿Qué onda? ¿Nivel 15? ¿Estoy viendo bien?]
[Así es, es un fan de los grandes. De los que están en los grupos de apoyo de Magda y que siempre ponen la mayor parte del dinero en los eventos.]
En los papeles del divorcio de su mamá.
Los había visto un par de días atrás mientras ayudaba a su mamá a buscar una crema.
El tío Kevin le había dicho que su papá era un empleado de bajo nivel en una gran empresa. Debía ser en esta Vértice Comercial, ¿verdad?
El corazón de Dora se llenó al instante de curiosidad y de un sentido de pertenencia.
Quería saber cómo era su verdadero papá.
Las tartaletas recién horneadas tardaban en salir.
Los ojitos de Dora brillaron con picardía y, aprovechando que Luciana estaba pagando, se escabulló en silencio.
La brisa de la tarde revoloteaba su faldita; su diminuta figura se perdió entre los gigantes de acero de los rascacielos. Si uno no prestaba atención, era imposible verla.
Cuando Luciana terminó de pagar, no había ni rastro de Dora.
Dentro del edificio, oficinistas vestidos de traje iban y venían, todos parecían estar muy ocupados.
Nadie notó a la pequeña de tres años que se coló en el área de trabajo, caminando detrás de alguien que acababa de pasar su tarjeta de acceso.

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