En efecto, este asunto necesitaba ser discutido a fondo.
Magdalena había estado fuera por un tiempo y ya había reflexionado sobre la situación.
No quería que Federico se hiciera responsable de esto.
Desde un principio, ella había aceptado este matrimonio por su propia voluntad, así que, sin importar el desenlace, todo había sido una elección.
Si no fuera por la constante frialdad de Federico hacia ella, lo que ocurrió esa noche debería haber sucedido mucho antes.
Magdalena y Federico habían llegado a un punto en el que sus problemas no se resolverían simplemente acostándose juntos.
Mucho menos considerando que ambas partes no estaban en sus cabales.
Por lo tanto, esto no debería ser un obstáculo para su divorcio.
—De acuerdo —aceptó Magdalena—. Hablaremos.
Justo después de colgar, el teléfono volvió a sonar.
Magdalena contestó sin mirar la pantalla.
—¿Se te ofrece algo más? Podemos hablar mañana cuando nos veamos o en la casa...
Julián se sintió muy avergonzado al otro lado de la línea.
En silencio, se recriminó a sí mismo.
La reacción de Magdalena dejaba en claro que acababa de hablar con su esposo.
—Ejem.
Julián sintió que se había precipitado.
Pero no podía evitar sentirse ansioso.
Si no actuaba rápido, Kevin Lira se la arrebataría.
Él sabía que Magdalena tenía una muy mala relación con su futuro exesposo.
Por principios morales, había planeado esperar a que Magdalena estuviera completamente libre antes de lanzar su ofensiva.
Sin embargo, no esperaba que Kevin ya se le hubiera adelantado.
—Este... soy yo.
Magdalena miró sorprendida la pantalla de su teléfono.
—Lo siento, señor Julián, pensé que...
—No te preocupes, no pasa nada —Julián intentó aligerar el ambiente—. Solo quería decirte que estoy de viaje de negocios y mañana mi vuelo aterriza más o menos a la misma hora que el tuyo.
Magdalena estaba llena de dudas.
—¿Cómo sabe mi número de vuelo?
—Oh, bueno, ayer estuve cenando con el director del proyecto en el que vas a trabajar. Me dijo que te estaba buscando para hablar de trabajo y como no estabas, pregunté por ahí.
Julián se sentía culpable.
No se atrevía a confesar que se había infiltrado en secreto en el grupo de fans de Magdalena.
Como la sesión de fotos de la revista era parte de su agenda de trabajo, la información sobre su vuelo se podía comprar.
Magdalena no era ingenua en asuntos del corazón. Al contrario, después de tanto tiempo en el medio, era muy perspicaz con estas cosas.
Una vez es coincidencia, dos veces es casualidad, pero tres veces ya es a propósito.
Pero lo que complicaba las cosas era que Julián siempre mantenía su distancia.


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