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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 160

Magdalena se quedó congelada, sosteniendo la ducha y mirando fijamente a Federico.

Unos segundos después, sintió que las orejas le ardían.

Por más hábil que fuera para salir de situaciones incómodas, en ese momento no encontraba ninguna excusa decente.

Federico intentaba mantener la compostura, pero la pequeña flor en la toalla no dejaba de moverse animadamente.

Tomó una respiración profunda:

—Ya es suficiente, yo termino de aquí en adelante.

Magdalena, entre la vergüenza y la gracia, le lanzó una toalla seca a un lado y salió disparada del baño.

Después, se tiró de bruces sobre la cama.

Ese día había sido increíblemente agotador.

Al principio pensó en mantenerse despierta para asegurarse de que Federico no mojara las vendas de sus manos.

Pero estaba tan exhausta que en cuanto cerró los ojos, se quedó profundamente dormida.

Al despertar a la mañana siguiente, Magdalena se sentía como si hubiera tenido una resaca terrible y no recordara nada de la noche anterior, lo que demostraba lo profundo que había dormido.

Al intentar moverse, se dio cuenta de que no podía mover ni los brazos ni las piernas.

Estaba completamente atrapada en los brazos de Federico, como si fuera una almohada gigante.

La respiración cálida del hombre le hacía cosquillas en el cuello.

Se quedó atónita por un momento.

En todos esos años de matrimonio, casi nunca habían dormido abrazados.

Incluso cuando iban a la mansión para mantener las apariencias frente a la abuela, Federico siempre mantenía su distancia y jamás la tocaba.

En el pasado, Magdalena había fantaseado con la imagen de una vida de casados perfecta.

Imaginaba una casa acogedora, un perro o un gato, y quizá, más adelante, un bebé.

Despertar cada mañana bañados por la luz del sol, sintiendo el calor del otro.

Levantarse y comer un desayuno sencillo pero hecho con mucho amor.

Esa era básicamente toda su definición de felicidad.

Pero Federico había sido como un profesor extremadamente exigente, tachando con rojo todas y cada una de las respuestas de su vida.

Magdalena parpadeó y esbozó una sonrisa amarga.

Comenzó a retorcerse, usando manos y pies para tratar de escabullirse.

La sensación era la de ser un diamante incrustado a presión en un anillo.

Después de un buen rato de luchar sin éxito, se rindió y se dejó caer de nuevo.

Fue entonces cuando escuchó una risita profunda y disimulada.

Solo duró un segundo.

Magdalena reaccionó de inmediato:

—¡Federico Suárez!

El orgulloso y frío presidente Suárez solía repartir sus sonrisas como si las tuviera contadas.

Después de reírse, volvió a poner su típica cara inexpresiva.

Soltó sus brazos y se acostó extendido en la cama como una estrella de mar.

Magdalena se levantó de un salto, se paró sobre el colchón y lo fulminó con la mirada.

¡Estaba despierto y fingiendo estar dormido!

Le dio una pequeña patada.

Capítulo 160 1

Capítulo 160 2

Capítulo 160 3

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