Federico se dio cuenta de que Magdalena había ido al estudio de la planta baja.
Él dio media vuelta y subió las escaleras. Poco después, vio a Verónica subiendo con el cesto de la ropa sucia para lavarla.
Entre las prendas estaba una de las pijamas de Magdalena.
Al verla, la mirada de Federico se endureció ligeramente; de repente recordó el incidente de hace un par de días que había sido tendencia en internet.
—Espera un momento.
Verónica se detuvo al escuchar su llamado:
—¿Qué sucede, señor Federico? ¿Tiene más ropa para lavar?
Federico apretó el puño y se llevó la mano a la boca, aclarándose la garganta.
—Las pijamas de Magdalena están sucias, llévatelas todas a lavar.
Verónica se extrañó:
—¿Lavo las tres?
Si las lavaba todas, ¿qué iba a ponerse?
Federico desvió la mirada, con cierta incomodidad en su voz:
—Sí, lávalas todas.
Aunque a Verónica le pareció peculiar, obedeció.
Eran asuntos de la intimidad de su habitación; tal vez la parejita había estado muy ocupada y por eso toda la ropa se había ensuciado.
Al pensar en ello, sonrió con benevolencia:
—Muy bien.
Una hora después, Magdalena regresó a la habitación para darse un baño.
Tomó su toalla y su gorro de ducha, pero cuando fue a buscar su pijama, no la encontró por ningún lado.
Por alguna extraña razón, Federico no había ido a su estudio ese día, sino que estaba recostado en la cama leyendo un libro.
Magdalena llevaba dos días sin hablarle a Federico, por lo que le resultaba un tanto difícil romper el hielo.
—Qué raro...
Magdalena revolvía todo.
Federico apretaba los labios. Aunque parecía estar sumido en su lectura, en realidad no había asimilado ni una sola palabra.
—¿Qué buscas? —preguntó él en tono neutro, ajustándose los lentes sin aumento.
—Mi pijama —respondió Magdalena.
Y luego se quedó callada.
Sentía que estar en la habitación de su esposo en medio de la noche y decirle "no encuentro mi pijama" llevaba una carga de insinuación.
Pero ya lo había dicho.
—Mis pijamas desaparecieron.
Trató de salir del paso rápidamente.
Federico se quedó en silencio.
Nunca se había dado cuenta de que Magdalena podía ser tan ocurrente.
—Oh —dijo Federico, fingiendo recordar de repente—. Verónica se las llevó a lavar.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada