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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 77

[¡Tienes toda la razón! MJ trabaja para Estrella Entertainment, ¿acaso es tan difícil conseguir el itinerario del gran jefe?]

[Ugh, qué asco. Parece una acosadora. Y todavía hay gente apoyando esto, ¡váyanse al diablo!]

Ni Magdalena ni Sara le prestaron atención a esos comentarios.

Era una pérdida de tiempo y energía.

Además, entre más intentaran censurar esos temas, más tendencia se volvían.

Por si fuera poco, su estudio era modesto y no tenían el poder para influir en la opinión de los internautas.

A menos que Grupo Orizon interviniera.

Pero Federico siempre protegía a su primer amor.

Magdalena había aprendido hacía tiempo a soportar sus propios problemas y a no pedirle ayuda a nadie.

Anaís guardó el celular en su bolso tras leer los comentarios.

Esperó un poco más hasta que vio el auto de Federico.

Agitó la mano con entusiasmo, corrió hacia él y se metió al vehículo de un salto.

—¿Cómo es que viniste a París? —le preguntó Federico.

Federico le hizo una seña al conductor para que encendiera el aire acondicionado.

Anaís sonrió dulcemente.

—Vine para asistir a la exposición de joyas.

Luego, se frotó las mejillas.

—Últimamente he estado tan ocupada con el trabajo que hasta me salieron ojeras. No como a Magdalena, que se cuida de maravilla. Qué envidia.

Magdalena era joven, decir que "se cuidaba" sonaba exagerado.

Federico, que acababa de llegar de la sesión de fotos de Magdalena, no pudo evitar contradecirla:

—Magdalena también tiene su propio trabajo.

Esa fue la primera vez que tomó la iniciativa para defenderla.

La expresión de Anaís se congeló por un segundo.

—Es cierto. Magdalena es muy hermosa, hacer anuncios publicitarios debe ser pan comido para ella. No como yo, que solo puedo depender de mi trabajo físico.

La forma en que lo dijo hacía sonar como si Magdalena solo vendiera su cara, mientras que ella triunfaba por su talento.

Federico frunció ligeramente el ceño.

Anaís, con tal de caber en su vestido de gala, había dejado de comer y beber desde el día anterior.

Ahora se moría de hambre.

Se frotó el estómago con cara de arrepentimiento.

—Federico, seguro ya tienes planes, ¿verdad?

Pero apenas el vehículo salió de la rotonda, llamó a su antiguo compañero.

—Hey Antoine, it's Anne.

Ella había estudiado diseño en Francia y sus excompañeros trabajaban en el mismo círculo.

No le resultaba nada difícil usar los contactos de los organizadores.

—Antoine, quiero pedirte un favor. Durante las entrevistas de mañana, no le asignes traductor a esa chica llamada Magdalena.

Antoine se sorprendió.

—¿Trae su propio traductor?

Caminando por la alfombra del pasillo, con sus tacones resonando a cada paso, Anaís respondió:

—Ah, ella. Quiero ayudarla a que pueda vender esa imagen de erudita que tanto busca. No te preocupes, es una artista de mi empresa, no le haré daño.

Colgó la llamada.

Anaís esbozó una sonrisa triunfante.

¿Imagen de erudita?

Seguramente Magdalena apenas y había tocado un libro en su vida, ni hablemos de saber alguna palabra en inglés.

Después de mañana, su fachada de ignorante quedaría expuesta para siempre.

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