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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 4

Se parecían tanto a aquellos bebés convertidos en charcos de sangre en su sueño.

El odio y la impotencia hicieron que apretara los puños, dejando que el dolor la invadiera.-

¡Esta vez, jamás dejaría que ella y sus hijos se convirtieran en herramientas de venganza para Cristian!

Ante la mirada atónita de todos, Zoa se puso de pie lentamente y avanzó dos pasos.

Incluso bajo la mirada amenazante de Cristian, no se inmutó.

Es más, mostró una expresión de preocupación.

—Doña Leonora y todos los presentes me han malinterpretado. No es que no esté de acuerdo con tener hijos, pero concebir un hijo... es cosa de dos.

El mensaje estaba claro: no solo las piernas de Cristian no funcionaban, sino que su virilidad tampoco.

En el sueño, Cristian asumió que ella no se atrevería a contradecirlo y que aceptaría la in vitro en silencio.

Pero ahora, ella había roto la fachada de golpe.

No importaba en absoluto si ella y Cristian habían intimado o no.

Lo verdaderamente importante era: ¿la gente le creería a un inválido?

¿O a una mujer completamente funcional?

Doña Leonora se levantó furiosa.

—¡Zoa Serna! ¡Qué estupideces estás diciendo!

Zoa fingió encogerse con temor.

—Lo siento, Doña Leonora. Tómelo como si yo estuviera diciendo estupideces.

—¡Qué quieres decir con que lo tome como estupideces! ¡Mi hijo no tiene ningún problema! ¡Eres tú la que está defectuosa y no puede tener hijos!

—Está bien, lo que usted diga es la verdad. Por favor, tranquilícese.

Con mucho respeto, Zoa le sirvió una taza de té.

Pero mientras más obediente se mostraba, más dudas sembraba en la mente de todos.

Los mayores de la familia miraron, sin poder evitarlo, a Cristian en su silla de ruedas.

Zoa también aprovechó para mirarlo, y sus ojos se encontraron.

La mirada de él era de hielo.

Fría como la luz blanca del quirófano, congelándole la espalda.

Ella tuvo que apretar los dientes para sofocar el sabor a sangre que subía por su garganta.

*Cristian, a menos que quieras que toda la ciudad se entere mañana de que me hago una in vitro porque no funcionas como hombre.*

Cristian dudó y su mirada hacia Zoa se volvió aún más sombría.

Justo cuando Zoa creyó que su plan estaba funcionando, él dejó escapar una risa burlona.

—Ya que lo admites por tu cuenta, no hay nada que yo deba ocultar. ¿No sabías ya desde hace tiempo que tienes un problema?

Dicho esto, su asistente le entregó un informe médico.

Paciente: Zoa Serna.

Capítulo 4 1

Capítulo 4 2

Capítulo 4 3

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